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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ
Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO * CAP# 69: viernes 21 de octubre 2005 – ¡LA PESADILLA! link foto -¡No Salvador! Por lo que más quiera –le ruega- ¡perdóneme! Se lo suplico. -¡Perdóneme! –le vuelve a llorar Rebeca. Salvador la
mira con compasión- ¡Escúcheme muy bien doña
Rebeca! –le advierte Salvador- ¡escúcheme muy bien
lo que voy a decirle! Y también Walter para la oreja. En la sala mientras tanto, Ángela toma los papeles, suspira y se levanta para marcharse. Pero se detiene- ¿Entonces admiten que me estaban ocultando información acerca de los bienes de mi papá?
-¡Bueno,
pues no se hubieran molestado tanto! –les responde con sorna
Ángela- ¡si me hubieran preguntado a mi yo les hubiera
enseñado los documentos que tengo en mi poder y que comprueban
la existencia de esos bienes! -¡Si,
si! –se impacienta Andrés- ¡revisa los documentos
entonces y dinos si todo está en regla y así damos
comienzo de una vez por todas al proceso de sucesión! -¡Claro
que los revisaré con mucho cuidado Andrés!
–responde Ángela triunfante- ¡no te preocupes! -Y te aconsejo
que te asesores de un abogado –la mira Andrés- ¡dudo
que puedas hacer eso sola! –le dice con doble sentido. -¡Si,
además personalmente me gustaría que llegáramos a
un acuerdo! –interviene Isabel- para definir esta
situación... –y cruza los brazos- ¡porque
créeme que si a ti te mortifica vivir bajo el mismo techo
conmigo!... –y ahora los mira a los dos- ¡a mí la
verdad, es que me disgusta muchísimo más que a ti!
–y diciendo esto Isabel sale de la sala. Ángela, a pesar de todo, se queda sorprendida. * En el pasillo. -¿De que manera le hago entender que estoy cansado de sus acosos señora? –le dice Salvador fastidiado. Rebeca junta las manos rogando. -¡Por el amor de Dios reflexione! –sigue Salvador- ¡tome conciencia de lo que hace! -¡Ay Salvador! Usted tuvo la culpa –le acusa Rebeca llorando- ¡usted me dio esperanzas! -¡Yo le di una tregua! –le aclara Salvador- ¡para que se olvidara de ese absurdo capricho! Walter, desde su escondite se sorprende. -¡Por
eso fue que no la rechacé desde el principio doña Rebeca!
Pero usted tiene que reaccionar... ¡cada día que pasa se
perturba más con una obsesión que le va a hacer mucho
daño! -¡Salvador por favor! –se niega a escuchar Rebeca- ¡por favor! Salvador le
toca el rostro con la mano lleno de pena-¡yo no tengo la culpa de
que usted se haya fijado en mí! –y le toma las manos-
¡yo no quiero hacerle daño! ¡no quiero! –le
repite- ¡pero estoy harto de sus acosos! ¡ya no soporto su
comportamiento señora! –le dice furioso-
¿qué no se da cuenta? Ha llegado a extremos
increíbles... ¡el día menos pensado va a terminar
atentando contra mi vida! Rebeca
balbucea en un sollozo- ¡Salvador! ¡Por amor de Dios! Yo no
tuve la intención de atacarlo con las tijeras... ¡se lo
juro! -¡Yo le
entiendo! ¡yo lo sé! –y le dice misteriosamente-
¡sólo quería cortar un mechón de mi cabello!
¡y mañana querrá mis uñas! –Rebeca lo
empieza a mirar con terror- ¡y pasado querrá mi
fotografía y luego las sobras de una copa donde yo haya bebido! Rebeca lo mira espantada- ¡Salvador! -¡No sea
ilusa doña Rebeca! ¿piensa que va a atraparme con esas
porquería? –y la mira con pena- ¡Nooo! ¡no
pierda su tiempo por favor! –le toca el rostro con la mano-
¡no pierda su dinero! –y trata de irse pero Rebeca lo
detiene. -¡Salvador! ¿cómo supo? –se sorprende- ¿cómo lo averiguó? -¿Cómo averigüé que? –no entiende o se hace que no entiende. -¡Lo del cabello, lo de la fotografía... todo! –y Rebeca tiembla como una hoja. -¡Sentido común! –le dice lentamente Salvador mientras la acribilla con esa mirada negra, muy negra. Y se marcha. Rebeca todavía temblando se abraza a sí misma. Walter sale de su escondite- ¿Discutió nuevamente con Cerinza? -¡Y a usted que le importa Walter! -¡A
quien debería importarle es a usted porque un día de
estos la van a sorprender! ¿y como va a quedar usted con su
familia! ¡Da lástima! –la mira- ¡está
enloquecida por ese cretino! -¡Ay!
–le cuenta Rebeca temblando- ¡le tengo miedo! –le
confiesa- ¡siento un terrible miedo! Parece un brujo Walter. Walter se sorprende- ¿brujo? -¡Si!
Tenia mucha razón cuando me dijo que Salvador no era un hombre
común y corriente –y sigue temblando y solloza-
¡parece un demonio que lo adivina todo! –le dice
aterrorizada- ¡todo Walter! Walter mira con aprensión hacia la puerta por donde acaba de salir Salvador. Piscina. Simón
se remoja (porque no nada) y le cuenta a Antonio- ¡No me lo dijo
directamente porque ella no es así de lanzada! –se
ilusiona.
-¡Oye Antonio! –sigue Simón- ¿tú crees que mi mirada es profunda y misteriosa? -¡Por qué no dejas de decir tonterías y te sales ya del agua! Llevas un buen rato ahí. -¡Qué
buen hermano eres! –se queja Simón- ¡mis asuntos
personales te importan un comino! Y yo si me preocupo por los tuyos...
¿si no es en ti en quien http://cuerpo.my-album.us/slike/620819/WVpCV8kFOV0I1ZYk.jpgmás voy a confiar? -¡No es así! –le calma Antonio- ¡eres mi hermano y si me interesas! -¡Pues
como si fuera un extraño porque le prestarías más
atención a un desconocido que a mí. -¡Me
alegra que Valeria te corresponda! –le aclara Antonio- ¡es
más hasta te tengo envidia porque mis asuntos con Ángela
van de mal en peor! -¿Qué? –se sorprende Simón- ¿tienes problemas con ella? -¡Me preocupa mucho la relación que tiene con Salvador! Simón
lo mira con los ojos muy abiertos- ¿Tú crees que tenga
algún cuento con él? –se sorprende. -¡Tú me lo mencionaste alguna vez! ¿no? –le rehttp://cuerpo.my-album.us/slike/620819/WVpCV8kFOV0I1ZYk.jpgprocha Antonio. -¡Bueno
si lo dije! Pero para fastidiarte nada más...
¿cómo puedes pensar que existe algo entre ellos? -¡Es que Salvador es muy especial! -¡Ante
todo es un tipazo que está de nuestra parte! –lo defiende
Simón- ¡así que deja la desconfianza hombre!
¿cómo crees que te va a querer robar a la novia sabiendo
que tu la adoras y que los dos se llevan desde chiquitos? –le
reprocha- ¡la verdad me parece una tontería que
desconfíes de Ángela y de Salvador. -¿Cómo
no dudar con cuantos misterios que se carga? –dice amargado
Antonio- ¡yo insisto en que Salvador no es un simple empleado!
Salvador es una persona muy extraña... ¡muy extraña! Y Simón lo mira sorprendido. Bar de Gaetana. Gaetana baila y canta feliz. ¡Quiero enseñarte un nuevo baile!
♫ ¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Salvador en su habitación duerme a pesar del ruido, pero tiene un sueño intranquilo... una pesadilla. En su pesadilla, él se encuentra acostado en una cama e Isabel muy bella y lejana está arrodillada a su lado.
¡Despierta sobresaltado! Sin poder respirar y tosiendo.
El tío
Felipe pone un mantel para ofrecerles un picnic a Cantalicia y a
Moncho- ¡Agradezcan que no me quedé todo el día
durmiendo en mi cama! –les gruñe- ¡y que
decidí compartir el domingo con ustedes para que no se aburran
allá encerrados! -¡Muchas gracias don Felipe! –le agradece humilde Cantalicia- ¡usted es muy buena gente de verdad! Mientras
Felipe saca la comida de la canasta, y le pasa una manzana al
niño que la toma goloso, le pregunta- ¿Y que? ¿les
gustó Río Claro? -¡Si
como no! –responde Cantalicia- es una ciudad muy grande y muy
bonita –y acepta una pera que le pasa el tío Felipe-
¡aunque la mera verdad es que a mi todavía me da un poco
de miedo! -¡Cantalicia!
Cuénteme algo... tu marido... el tal Salvador Cerinza...
–y duda pero sigue- ¿él no sufría de
ningún trastorno mental? Cantalicia lo mira enojada- ¡Claro que no don Felipe! Él no sufría de nada... Siempre estaba fuertote como un toro. Felipe se
rasca la cabeza- ¡Pero es muy extraño Cantalicia! Porque
sino el ataque que le dio le hubiera llevado a la tumba. Cantalicia simplemente calla. -Usted me dice
que... –sigue Felipe y tiene un ataque de risa que contiene-
¡cuando él resucito! Cambió con usted. -¡No
nada más conmigo! ¿eh? –le aclara Cantalicia
mientras come su pera- ¡cambió con todo el mundo! A mi
para empezar ni me reconocía.... ¡ni tampoco al Moncho!
–y luego le cuenta con los ojos muy grandes abiertos- ¡lo
más raro de todo es que de repente empezó a leer y a
escribir! Felipe la mira atónito- ¿y antes no sabia? -¡No!
–le afirma Cantalicia- ni media palabra... ¡él no
sabía ni como agarrar un lápiz, pues como el pobre nunca
fue a la escuela! Felipe la mira asombrado. -¡Pero
después que resucitó! –sigue Cantalicia- ya era
diferente... ¡era como que antes era un campesino normal,
así como yo... y después era como un señor de esos
todo letrados! Felipe asiente
y sin decir palabra se sirve una copa de vino- ¡de verdad es
difícil creer toda esa historia Cantalicia! –le dice
serio- ¿no será que usted tiene una imaginación
demasiado... acalorada? Pero Moncho
que está muy atento a la conversación toma la mano de su
mamá y salta- ¡Es cierto! Mi mamita no miente – le
afirma serio. -¡Y yo se lo juro por la virgencita de Guadalupe! –y Cantalicia se besa los dedos y se santigua. -Pues entonces
va a tener que contarme todo eso con pelos y señales –le
dice serio Felipe y se acomoda sobre el césped- ¡porque la
historia me está interesando! –y se toma un trago. Cantalicia sigue comiendo su pera. Mansión. Antonio está sentado triste en un banco cuando se le acerca Vicky- ¿y ahora por qué tan solo? -Los domingos no hay mucho que hacer –responde lacónicamente. -¡Ay! Ve a dar una vuelta con Simón. -¡Simón
enloqueció y se metió a la cocina dizque a preparar un
platillo! –se ríe Antonio. -¿A
poco en serio? –se sorprende- ¡no lo puedo creer!
¡oye! ¿y por qué no te vas a montar a caballo?
¿eh? A Antonio le parece buena idea- ¿Si verdad? –y se levanta y se dirige a las caballerizas. Cocina. Simón está cocinando, rompe unos huevos- ¡un poquito de sal! -¡Hojas
de laurel! –adiciona Valeria y al ver la cantidad que pone
Simón- ¡no seas tan exagerado... dos cucharaditas nada
más! -¡Más vale que quede bien saleroso que desabrido! –afirma Simón. Y los dos juegan y se divierten en la cocina. -¡Va a quedar delicioso! –le promete Simón- mantequilla. -¡Ay
cuando me lo dijo Antonio, tenía que venir a verlo! ¿eh?
–aparece Vicky divertida- ¡para comprobarlo!
¿qué te pasa? ¿qué andas preparando? -¡Un platillo bien especial Vicky! -¡Si tu
mamá te ve aquí te va a regañar! –le
advierte Vicky- y no le va a gustar –dice ave de mal agüero. -¡Vicky!
La cocina no es solo para mujeres –lo defiende Valeria-
está comprobado que los mejores chefs son hombres..
¡déjalo practicar! ¿quién quita que nos
dé la sorpresa? Yo por lo pronto soy su asistente. -¡Nada
de eso Vicky! –dice orgulloso Simón- ¡yo le voy a
enseñar a Valeria que no solamente sé componer
máquinas en la fábrica! –y la mira embelesado-
¡algún día pienso casarme y no estaría
demás practicar para ayudarla en la cocina a mi mujercita! Afuera en el jardín. Antonio ensilla el caballo. Andrés
se le acerca riendo maléficamente-¡Precisamente el caballo
que quería montar! ¿no pudiste elegir otro? -¡No se preocupe señor! –dice rápidamente Antonio- ¡móntelo usted! -¡No! está bien –responde hipócrita Andrés- ¡móntalo! No queria molestarte. -¡No señor! –se niega Antonio- ¡preferiría no hacerlo! -Antonio...
–sigue Andrés- últimamente te veo muy preocupado...
¡y no creo que sea por la universidad! ¿tienes problemas?
–simula interesarse. -¡Posiblemente! Todos tenemos problemas ¿no? –cae redondito en la trampa y le da pie a hablar. -Especialmente de mujeres –se ríe Andrés- ¿te diste cuenta que Ángela no era para ti? Antonio no responde pero el ataque le da de lleno. -¡Eres
una simple aventura para ella! –afirma Andrés- ¡uno
de los tantos noviecitos que ha tenido en Europa y en todos los lugares
donde ha estado! Antonio traga saliva nervioso. -¡Bueno!
No me mires así –se burla Andrés-
¡acéptalo! Ella nunca te será fiel... le gusta
enredarse con el primero que se le cruza en el camino. Antonio respira con dificultad. -¡Especialmente
con gente de mala calaña! –sigue Andrés-
¡ahora por ejemplo anda atrás del chofer! Esto Antonio, ya no lo puede aguantar y le da tremendo derechazo. Andrés cae al suelo, pero desde allí sonríe satisfecho de su obra. Se levanta riendo y acariciándose la barbilla- ¡eres muy atrevido! -¡Más
atrevido es usted! –grita Antonio fuera de si- ¿no tiene
vergüenza en calumniar a los demás? Andrés sin dudar le landa un puñetazo que lo tumba al suelo. Antonio se levanta del suelo y se le sube encima. Los empleados rápidamente detienen a Antonio por los brazos. -¡Antonio por Dios! –llega gritando Abigail- ¡don Andrés! -¡Atrévase
a volver a hablar mal de Ángela y le juro que le rompo la cara!
–le grita Antonio mientras los empleados lo atajan de los brazo. -¡A mí no me amenaces imbéc.il! -le responde Andrés- ¡y haz lo que quieras! ¡si te sientes muy machito ven! –lo reta. -¡Más
macho que usted sí que se atreve a hablar mal de las mujeres!
–y trata de liberarse- ¡tiene la lengua más venenosa
que doña Rebeca! -¡No soy
el único que habla mal de Ángela! –le responde
Andrés- ¡eres un juguete para ella nada más! Como
para Salvador y todo con los que se acuesta. -¡Suéltenme! –grita Antonio- ¡suéltenme! -¡Antonio no lo escuches! –le grita Abigial- ¡no le hagas ningún caso! Y Antonio se calma y los empleados lo sueltan. Antonio sale corriendo. -¡Y su
actitud! –le dice Abigail a Andrés con desprecio-
¡no es digna de un señor don Andrés! –y
Abigail se mete a la casa. Andrés se acaricia la cabeza y sonríe satisfecho y divertido- ¡Ahora si voy a montar a mi caballo! Y diciendo esto se dirige al caballo. Abigail entra
a la casa muy nerviosa cuando las empleadas llegan corriendo-
¡Abigail! Gracias que la encuentro porque la necesitamos...
¡es una emergencia! –grita Nora. -¿Cuál emergencia? -¡Hay un incendio en la cocina! -¿Un incendio? ¡santo Dios! Entra Walter
desesperado y la toma de los brazos- ¡Abigail! Por favor haga
algo... ¡evite que su hijo termine de quemar la casa! Abigail se
separa como si Walter quemara- ¡No me toque Walter! –y
luego se dirige a la cocina- ¡Ay Dios dame paciencia! En la cocina todo es un verdadero desastre. Un gran fuego sobre la sartén, mientras Valeria y Vicky gritan como locas. De pronto Simón ve que Vicky va a tirar agua sobre la sartén y se lo impide. -¡No!
–la detiene- ¡con agua no! –y luego va a buscar
harina y la desparrama sobre el aceite en fuego y ahí se acaba
el incendio- de alguna manera tenía que apagarlo –se
excusa cuando toda la cocina queda color blanco- ¡Miren en que
quedó convertido el plato especial! –de pronto sufre. -¡Te dije que ibas a acabar con la cocina! –le reclama Vicky. En eso entra
Abigail que se queda pálida al ver el desastre-
¡Simón! ¡pero que diablos hiciste! –le grita
desaforada. Y todos se quedan mirándola. En otro lugar
Antonio se interna en el bosque buscando tranquilidad- ¡Como se
atreve a hablar mal de Ángela! –piensa- ¡Como me
gustaría regresar y romperle hasta el último hueso! En la cocina Abigail reprocha a Simón- ¿Qué pasó? -¡No fue nada grave! –trata de convencerla Simón- ¡solo un poquito de humo y ya! Abigail se
toma la cabeza- ¡eres un irresponsable Simón! ¡mira
nada más como dejaste todo por un simple capricho!
–está histérica- ¡acabaste con la cocina en
un segundo hijo! -¡Abigail
por favor no lo regañe! –lo defiende Valeria- ¡nada
más quería hacer un platillo especial y no sé en
qué momento se nos prendió la sartén! -¡Quien te dijo a ti que sabias cocinar! –lo menosprecia Abigail- ¿quién te mandó? -¡Por favor Abigail tranquilicese y ya no lo regañe! –insiste Valeria. -¡No lo
defienda señorita! –le corta Abigail- por favor
déjenos solos que necesito hablar con Simón... ¡y
mire que estoy muy nerviosa! Y Valeria resignada le entrega un trapo a Vicky y se marcha. -¡Mamá
no me trates como si yo fuera un niño! –le reclama
Simón cuando Valeria sale- ¡y menos delante de Valeria!
¡no lo soporto! ¡me cae que no lo soporto! -¡Basta
de berrinches ya! –le grita Abigail y mira a las empleadas-
¡y ustedes recojan esto que quedó hecho un pastel! -¡Ay ya
Abigail! –le contesta Vicky- ¡ya párele! Bastante
tiene el pobre muchacho con su fracaso como cocinero. -¡Vicky
tú no te metas! –le contesta mal Abigail- ¡ayuda a
las muchachas! –le ordena- ¿por qué me causas
más problemas con todo lo que está pasando? –le
reclama a Simón- ¿por qué? –y lo lleva a la
mesa. -¿A que te refieres mamá? –se sorprende. -¡Antonio tuvo un pleito con don Andrés y llegaron a las manos! Y por poco se matan si no llego a tiempo. -¿Y eso por qué? –se inquieta Simón. -¡Porque
don Andrés se atrevió a hablar mal de Ángela! A la
pobre muchacha le están empezando a inventar chismes ya. -¡Ya sabía yo que en todo esto estaban metidas las manos de Andrés Corona! Pero que ni piense que mi hermano está solo, ¡que ni lo crea el muy imbéci,l! -¡Bueno
ya! Que yo no quiero más problemas –Abigail- ¡vete a
buscar a Antonio! Y tranquilízalo por Dios, ese muchacho me
tiene muy preocupada. Simón sale de la cocina con el delantal puesto mientras Abigail se queda preocupada. En el bosque Antonio se sienta a la sombra de un árbol. En la habitación de Valeria. -¿Que
está pasando contigo niña? –le grita Rebeca-
¡como que estás metida en la cocina armando un incendio
con el loco ese de Simón! -¿Quién estaba armando grandes incendios? –se burla Valeria- ¡tía por favor no exageres! -¡Walter
me lo contó! Me dijo que los estaban cocinando –y luego
sigue con su voz aguda- ¿pero qué burradas haces Valeria
por Dios? ¡si Isabelita supiera eso! -¡No va
a decir nada! –le calla Valeria- porque no es delito cocinar...
además –y sonríe contenta- ¡Simón se
veía tan chistoso! -¡Qué
gracioso! –y al ver la cara sonriente de Valeria- ¿y
tú de qué te ríes idiot.a? -¡Ah! es
que Simón se veía muy lindo con su mandil de cocinero..
¡y quería impresionarme con sus grandes dotes de la cocina! Rebeca la mira agria. -¡Ese muchachito loco como tu lo llamas! –sigue Valeria- ¡es el más tierno e ingenuo que conozco! -¡Valeria te voy a decir tres cosas! –le grita Rebeca. Pero Valeria
se levanta fastidiada- ¡Tía! No empecemos el día
mal ¿si? –y se sienta al piano- ¡tengo cosas que
hacer! Déjame sola por favor. Rebeca la mira
atónita y sale enojada del cuarto. Al salir del cuarto ve que
Simón llama al cuarto de Ángela. -¿Qué sucede Simón? –abre la puerta Ángela. -Se trata de Antonio... ¡necesito contarte algo! Mientras tanto Antonio, en el bosque, pasa los dedos sobre un corazón tallado en un árbol y recuerda a Rebeca. “¿No
se ha dado cuenta que se pasan todo el día de arriba para abajo?
¡todo el santo día! a mi me parece que tienen una amistada
demasiado especial. ¡Despierte muchacho!¡despierte! No vaya
a ser que se le adelanten y se quede solito, solito...
¡después de haber luchado tanto por ella!
¡cuidado!” Y luego las palabras de Andrés. “¡Acéptalo! Ella nunca te será fiel... le gusta enredarse con el primero que se le cruza en el camino. Antonio respira
con dificultad. ¡Especialmente con gente de mala
calaña!¡ahora por ejemplo anda atrás del
chofer!” Antonio vuelve a la realidad. El tiempo pasa y sigue sufriendo. De
pronto aparece Ángela que le pone una mano sobre el hombro-
¿estás preocupado por lo que están comentando de
mi verdad? –le pregunta y se sienta a su lado. -¡Hasta
Andrés Corona asegura que tú estás interesada en
Salvador! Con gusto le hubiera roto la cara a ese imbéci.l. -¡Pues
no lo harás! –le exige Ángela- ¡porque eso es
precisamente lo que él quiere! Quiere provocarte...
¡Antonio te dije que tenías que confiar en mi! -¡Ya lo
sé! –admite Antonio- ¡ya lo sé! Pero no me
pidas que confíe en Salvador porque te juro que no puedo...
–le repite- ¡no puedo! Hay muchas razones que me hacen
desconfiar de él. Antonio se calma-¿qué me estás proponiendo? -¡Es que
ya quiero acabar con todo esto! Mañana en cuanto Salvador llegue
a trabajar le pediré que hablemos contigo para que veas que no
tienes de qué preocuparte –le promete. Antonio acepta. -¡Salvador
es un buen hombre! –le promete Ángela- es inofensivo y no
te preocupes por tonterías –y lo besa cariñosa. La noche. En su habitación Salvador no puede dormir.
“Era un
campesino humilde e ignorante y murió aparentemente, y al poco
tiempo resucitó convertido en un gran señor que
deslumbró con sus conocimientos a todo un pueblo”
pronuncia con circunstancia Felipe... ¡y luego se ríe a
carcajadas! - ¡Definitivamente lo que usted me está
contando es una historia demasiada rebuscada que no tiene ningún
sentido Cantalicia! Es más, yo me atrevería a asegurarle
que yo dudo que eso haya ocurrido alguna vez! Están en el apartamento de Felipe. -¿No me
cree? –se alza Cantalicia- ¡mire si quiere
pregúntele al padrecito Jacobo! Él le va a decir que yo
no soy ninguna mentirosa y que eso fue así. -¡A ese
gordo no! –se ríe Felipe- ¡está chiflado! Y
no dudo que contagiado de toda esa brutalidad... ¡y eso le pasa
por vivir tan lejos! –y luego busca- a ver... Isabel Arroyo...
Arroyo... María... Marta –busca en el directorio-
¡definitivamente no aparece registrada ninguna Isabel Arroyo! -¡Oiga! –se muere de la curiosidad Cantalicia- ¿y eso qué es? -¡Es una
guía con nombres de todos los que tienen teléfonos
aquí en Río Claro! –le explica Felipe- ¡y
deje la preguntadera que parece un mocoso de tres años!
–le gruñe- ¿y esto qué es? –la imita-
¿y esto qué es? –y la mira- ¡que bruta es
usted Cantalicia! Parece un animalito salido del monte. -¡Y el
Andrés Arroyo! –busca Felipe- no... ¡Andrés
Corona! –y hojea las páginas- Tampoco aparece, bueno...
¡apareció uno pero ese no es el que estamos buscando!
–y luego vuelve a mirar la foto en el periódico-
¡debe tratarse de gente muy importante definitivamente! –se
dice a si mismo- ¡Isabel Arroyo! –lee-
“distinguidísima industrial y Andrés Corona,
gerente general de una empresa importantes de cítricos”...
aunque no mencionan el nombre de la empresa –y mira a Cantalicia-
yo pienso que se podría empezar por ahí ¿no? Cantalicia lo
mira como a un Dios- ¡todo lo que pueda hacer para poder
encontrar a Salvador yo se lo voy a agradecer con toda mi alma
señor Felipe! -¡El
señor Felipe está haciendo muchísimo más de
lo que se esperaba el gordo este de mi sobrino Jacobo! Y con todo el
trabajo que tengo y ahora dedicado a hacer de investigador privado. De pronto se escuchan unos silbidos y el tío Felipe se levanta corriendo de la mesa y mira por la ventana. Una bella mujer le sonríe. -¡Ya bajo! ¡espérame! –le grita feliz y vuelve con Cantalicia- bueno, tengo que salir con una amiga- y
se pone perfume- ¡de manera que lo más seguro es que
regrese bastante tarde! –le advierte. Luego se preocupa- Si
quiere se puede acostar o si prefiere la dejo viendo la tele –y
diciendo esto se la prende y se marcha corriendo - ¡Hasta luego! Moncho corre a sentarse frente a la tele, donde pasan una propaganda donde aparece una mujer bajo la ducha. Cantalicia
lo ve y se desespera- ¡Caray! Cuando no salen en los cuadros
salen en el aparato ese –y aprieta los botones de la tele y
cambia de canal - ¡eso está peor! –se desespera
cuando sale una pareja haciendo el amor- ¡mire! Vamos a dormir
–le ordena. Pero Cantalicia se acerca a la ventana para ver que hace el tío Felipe y Moncho sigue mirando la tele. Cantalicia ve a Felipe que abraza a la bella mujer y sube al auto. -¡Oiga!
¿usted que cree? –le dice a Moncho que no la escucha-
¿qué este señor Felipe si me va a ayudar a
encontrar a Salvador? A ver.. ¡porque yo lo veo muy raro al tiito
ese del padre Jacobo! –y de pronto se da cuenta que Moncho sigue
viendo escenas de amor en la tele- ¡deje de ver eso! –y le
tapa los ojos- ¡venga! Vamos al cuarto –y se lo lleva. Mansión. Muy temprano en la mañana Salvador llega y se queda un rato acariciando a Azur.
Isabel lo espía celosa, no muy lejos, en el jardín.
Isabel lo sigue sigilosamente. Adentro, Salvador que la había visto antes la espera con una sonrisa cínica y mirándose en los pantalones. -¡Salvador! Necesito hablar con usted –susurra Isabel- ¡lo espero en mi cuarto! Isabel le sonríe irónicamente y le pide suavemente- ¡Acompáñeme! Salvador pierde la sonrisa, termina de vestirse y la sigue. En el piso superior y los dos con miedo a que los descubran. Isabel le abre la puerta de su cuarto. Salvador entra primero. Isabel entra y cierra la puerta. -¡Bien! –empieza Isabel con voz llena de rabia contenida.
-¡Un momento! –le corta nerviosa Isabel. Salvador la mira burlón y le frunce el entrecejo- ¡doña Isabel! -¡Qué!
–le grita Isabel- ¡eso fue lo que me dijo desde el primer
momento! ¿no es cierto? –le reclama y le tiembla la voz-
¡que cuando usted tenía cerca a una mujer bonita no
resistía la oportunidad de conquistarla! ¿no es cierto?
–y sigue con rabia- ¡bien, pues si quiere presumir de don
Juan hágalo fuera de esta casa! –le exige- ¡fuera de
mi vista donde yo no lo pueda ver! Salvador la
mira con una sonrisa divertida- ¡La verdad es que nunca
imaginé la satisfacción de verla hablar con tanto
despecho! Isabel lo mira asombrada. -¡Claro
como está acostumbrada a hacer su voluntad para dominar a los
hombres! –le dice con sorna- ¡no puede tolerar que yo no me
rinda a sus pies! -¡Tómelo
como quiera! –le responde Isabel altiva y con un susurro de voz-
¡como despecho o como se le pegue la gana! –y luego le
confiesa- ¡yo sé que muy pronto tendré que salir de
esta casa pero le juro Salvador! –se le acerca- ¡le juro
por lo más sagrado que primero voy a tener que verlo salir a
usted! -¿Está segura? –la reta Salvador. -¡Si, si
estoy segura! –y en su mirada hay fuego- ¡porque yo no voy
a permitir que juegue con los sentimientos de Ángela como lo
hizo conmigo! Salvador le sonríe burlón- ¡el juego me lo propuso usted señora! Isabel retrocede. -¡Yo simplemente accedí a sus deseos! Isabel mueve la cabeza lentamente. -¡Pero
claro! –sigue Salvador- ¡quería manipularme como lo
hizo con Andrés Corona y como no pudo! –y se le acerca muy
cerca- ¡trata de justificar la poca vergüenza que le queda! Isabel le da tremenda bofetada con la derecha. Salvador
simplemente se acaricia la mejilla y la mira burlón- ¿Le
duele que le digan la verdad? –la desafía. Isabel le
responde fríamente y con calma- No... ¡me duele no poder
echarlo de esta casa cuando a mi se me pega la gana! –le dice
sinceramente- ¡eso es lo que me duele! Y sin que los dos se den cuenta, Valeria abre la puerta y se queda escuchando. Valeria pone cara de espanto al oírla. -¡Para lograr con ella lo que no pudo conseguir conmigo! –sigue Isabel. -¡Usted no sabe lo que dice señora! –le responde burlón Salvador. -¡Claro que sé! –le grita Isabel. -¡Usted...!
–Y de pronto Salvador se queda de una pieza al ver a Valeria-
¡señorita Valeria! –y Valeria cierra la puerta. Salvador corre detrás. Isabel mira a lo lejos furiosa. Salvador corre y la detiene en el pasillo. La toma del brazo- ¡señorita Valeria! Por favor no se vaya –le ruega- ¡escúcheme! -Yo no tengo nada que escuchar Salvador –le responde Valeria con voz neutra pero decepcionada. -¡Es que no quiero que piense mal de mí por favor! Yo no… -¡Yo le voy a explicar por qué estaba discutiendo con doña Isabel! Déme una oportunidad por favor -¡No tiene por que darme explicaciones Salvador! –le responde Valeria. -¡Señorita Valeria! Yo… Ángela sale de su habitación y los mira. Salvador se queda cortado y sin palabras. Ángela se acerca lentamente. Salvador no puede continuar. Detrás de él aparece caminando lentamente Isabel.
Al bajar las escaleras se encuentran con Abigail que los mira preocupada. Salvador le abre la puerta de la sala y ambos se marchan. Segundos
más tarde aparece Antonio de buen humor y listo para la
entrevista que le prometió Ángela - ¡Hola ma! -¿Adónde vas hijo? –lo detiene Abigail. -¡Voy a buscar a Ángela! -Se acaba de ir con Salvador –le dice Abigail con un suspiro. Antonio la mira atónito porque evidentemente Ángela lo acaba de olvidar completamente. Afuera
Salvador cierra la puerta después que Ángela sube al auto
y luego sube al mando del auto, arranca y se marchan. Walter los vigila atentamente. En la habitación de Valeria. -¡Eso no puede ser cierto! –se niega a creer Valeria- ¡debes estar equivocada! -Valeria por
favor… ¡Yo no tendría que estar tan enojada con ese
tipo si no estuviera totalmente segura de lo que estoy diciendo!
–y se pasea nerviosa- ¡Salvador es un hipócrita! No
es tan inofensivo como todo el mundo lo cree. -¡Es que no me cabe en la cabeza que haya intentado engañar a Ángela! -¡Ah por cierto! –dice Isabel con rabia- ¡Y si engaña a Angelita es porque ella le dio pie! -Isabel, yo
creo que todo esto se trata de un malentendido… ¡Salvador
es un buen hombre y Ángela es una buena muchacha! No tenemos por
qué dudar de ella. -¡Y tú ya deja de ser tan ingenua! ¿quieres? -le
reclama Isabel- ¡Salvador no es la persona que aparenta!
¡No es la persona que todo el mundo cree! –grita- ¡Y
Angelita tampoco es la niña ingenua que todo el mundo cree!
–y nerviosa se pasea. -Bueno pero si es cierto todo lo que supones… ¿Cómo piensas decirle a Ángela que deje de tratarlo? -¡A
Ángela no se lo puedo prohibir! pero a Salvador si
–afirma- ¡porque yo no le voy a permitir tantas ofensas y
atrevimientos Valeria! Y si él insiste en desafiarme entonces yo
también le voy a atacar con las mismas armas… ¡te
lo juro! –está furiosa- ¡conmigo no juega! Isabel sale de la habitación y Valeria queda sola. -¡Nunca me lo imaginé! –sonríe tristemente decepcionada- ¡nunca de Salvador! Afuera en el jardín Antonio mira hacia la casa. Simón se le acerca- ¿Y a ti que te pasa? –y al verle la cara- ¿te picó un alacrán? -¡Estoy
muy enojado con Ángela! –le confiesa dolido- ¡me
prometió que hoy aclararíamos la situación con
Salvador! ¿y sabes lo que hizo? En cuanto llegó ese tipo
se largó con él y me dejó plantado. -Bueno, pero a
lo mejor tuvo algo urgente que hacer –le dice tranquilo
Simón- No te olvides que anda metida con el asunto de la
herencia, la verdad es que eso es más importante que cualquier
disgusto que pueda tener contigo. -¡Todo es más importante que yo! –sufre Antonio. -¡Ya
hombre! –le corta Simón- ¡déjate de
tonterías y muévete si quieres que te lleve a la
universidad! Y ambos se marchan. Café. Ángela y Salvador llegan al mismo café de siempre. -Bueno, tranquilo Salvador. -¿Cómo
tendrán la conciencia retorcida y sucia para pensar que entre
usted y yo existe algo más una bonita amistad? -Le
advertí que esto iba a suceder y usted mismo me dijo que no
hiciéramos caso a los comentarios de los demás. Ruta. Simón y Antonio van en moto. Café. -¡Señorita
Ángela! Yo quiero que entienda algo por favor… yo lo que
siento por usted es un afecto… ¡un afecto muy especial! -¡Eso sobra que lo diga Salvador! –ríe Ángela- con sólo mirarlo a los ojos me doy cuenta. Ruta. Simón y Antonio reconocen el auto de Ángela estacionado afuera del café y regresan y bajan de la moto. Entran al café. -¡No por
favor! –le responde Salvador- ¡gracias por entenderme y
gracias por confiar en mí! –y la abraza muy fuerte. Ángela se deja abrazar.
Ángela
se separa- ¡Bueno! Ahora lo invito a tomar un café para
enseñarle la nueva relación de bienes de mi papá
que me entregaron Isabel y Andrés. En ese momento
irrumpe Antonio- ¿no existe nada entre ustedes verdad? –le
reprocha- ¡no existe nada pero se salen de la casa a escondidas
para abrazarse en un lugar público! -¡Antonio! -¡Está equivocado Antonio! –le dice Salvador de malhumor. -¡Eso
pensaba! Pero ahora me doy cuenta que doña Rebeca y
Andrés Corona tienen toda la razón –dice enojado-
Te burlaste de mi, juraste que me amabas… ¡y tienes el
descaro de manosearte con el chofer!
Simón sale corriendo detrás. Ángela se queda triste.
-¡Pues
al parecer esta relación se ajusta más a la realidad!
–dice Salvador tranquilo estudiando los papeles.
-¡Pues
lo hizo porque no le quedó más remedio señorita!
¡Se sintieron descubiertos y ni modo! –y sigue revisando
los documentos- Tienen que reconocer sus faltas de lo contrario se
meten en problemas con la justicia. -¡Y todo gracias a usted Salvador! De lo contrario no hubiera sabido qué hacer. -Usted a partir de ahora tiene que comenzar de cero, pero eso si, con la cabeza bien fría. Lo
primero que tiene que hacer es conseguir todos los documentos que la
acrediten como heredera. ¡También tiene que conseguirse un
buen abogado señorita! Justo y profesional, honesto, un asesor
en el proceso de sucesión. -¿Usted me ayudará a conseguirlo? –pregunta Ángela a penas conteniendo las lágrimas. -Yo le puedo
recomendar algunos… ¡Dígame una cosa!
¿doña Isabel le comentó que está interesada
en llegar a un arreglo fuera de los Tribunales? -Si, ella quiere terminar con esto cuanto antes. -Y yo supongo que usted también. Ángela asiente con la cabeza. -¿Ha pensado en esa posibilidad? ¿no es cierto? Ángela se pone a llorar - ¿Qué me aconseja que debo hacer? -¡Mire! Primero que todo trate de calmarse. -¡Lo siento Salvador! –solloza Ángela- pero en este momento solamente puede pensar en Antonio. -¡Señorita por favor no llore! -¡Es que
quiero salir corriendo a darle una explicación! –le
explica Ángela - ¡porque finalmente fui yo la que le dije
que hoy hablaríamos con usted! –no tiene consuelo. -Yo quiero que
sepa algo –le dice duro Salvador- ¡yo entiendo lo que
está pasando! Y yo sé que es difícil pero aunque
usted me lo pida yo no le voy a aclarar nada a Antonio. -¡Salvador! –le reclama Ángela. -Si él
la quiere de verdad… ¡entonces él debería
confiar en usted por encima de cualquier cosa! Ángela lo mira desesperada. -¡De lo contrario está demostrando inmadurez! –juzga Salvador. -¡Salvador! A mi no me importa… -le ruega Ángela- ¡yo no quiero perderlo! ¡yo lo quiero! -¡Señorita
Ángela! No me malinterprete… yo no desconozco las
cualidades de Antonio, pero si ese muchacho pretende casarse con usted,
entonces tiene que ganársela... ¡y no es con reclamos y
mucho menos con rabietas de niño mimado! Sino con dignidad, como
todo un hombre… -y le exige- ¡usted no baje la cabeza!
¡no pida disculpas! ¡no está haciendo nada malo! Y yo se lo
aconsejo como si fuera su papá… ¡haga de cuenta que
es don Pedro José quien le está hablando! –le toma
las manos- ¡no se arrepentirá! Y mientras las lágrimas corren a torrentes por sus mejillas, Ángela asiente tristemente con la cabeza. @2005 Narración by Mabouchita! Z;D ---------------------------------------------- |
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