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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
CAP# 83: viernes 11 de noviembre de 2005 – ¡ESTOY EMBARAZADA!

Mansión.

Muy temprano en la mañana, en el jardín Rebeca habla con Norita cuando ve llegar a Salvador-¡Salvador! –lo llama y despide a Norita.

Salvador se detiene y Rebeca se le acerca con una sonrisa de triunfo-¡Me acuesto y me levanto pensando en usted Salvador! Pero ya no tan amargamente como antes... ¿por qué no nos sentamos en el jardín y conversamos?

Salvador mira a todos lados con disgusto- ¡No estaría bien visto! A los demás les parecería sospechoso.

-¡Por favor! Tranquilo... ¡hoy nadie se va a fijar en nosotros! –dice con voz aguda- ¡están todos ocupadísimos con el zafarrancho que se formó anoche!

Salvador pone cara de intrigado- ¿qué fue lo que pasó anoche?

-¡Si me hace feliz con su compañía le prometo que le voy a contar todo con lujo de detalles!

*

Mientras tanto en el piso superior Abigail golpea la puerta de la habitación de Isabel.

Isabel abre la puerta y se la ve muy nerviosa, y mira para atrás.

-¡Señora Isabel! Necesito hablar con usted.

-¡Claro que sí Abigail! –responde Isabel- ¡pase!

Abigail entra y se asusta al encontrar a Andrés tirado en el sillón- ¡Ay disculpe señora! No sabía que estaba usted ocupada.

-¡No se preocupe Abigail! Porque precisamente estaba hablando con Andrés de lo de anoche y así como usted dijo las cosas no se pueden quedar así... ¡lo sucedido fue bastante delicado y tenemos que encontrar una solución! –dice Isabel mirando furiosa a Andrés que mira con disgusto hacia otro lado.

-¡No! –dice Abigail mirándola - ¡no se quiebre la cabeza señora tratando de encontrar la solución! Porque mis hijos y yo ya hemos tomado una decisión –y enfrenta a Andrés- ¡vamos a complacerlo don Andrés, pero no por miedo, ni porque pensemos que estamos equivocados en algo o que hemos hecho algo malo! Simplemente entendemos que no queremos vivir bajo el mismo techo con usted.

Andrés suspira alivia y sonríe con una sonrisa horrible- ¡Me alegra que lo reconozca! Eso significa que todavía les queda algo de inteligencia –se burla.

Isabel pone cara de indignación al escucharlo.

-¡La suficiente para no querer soportar más atropellos ni más humillaciones! –le dice digna Abigail y luego vuelve a mirar a Isabel- ¡Señora! Nos iremos con mi familia tan pronto como nos comuniquemos con ellos.

Andrés hace un gesto despectivo con la mano.

Isabel se desespera- ¡Le suplico...! –empieza y se acerca- ¡que lo piensen mejor!

-¡Ya está todo decidido señora! Después de muchos años voy a regresar con mi familia.

Isabel baja la cabeza.

-¡Con permiso! –se retira Abigail.

Andrés sonríe con placer.

*

Pasillo de servicio.

Ángela llora sin retenerse- ¡Es que no puedes largarte así Abigail! Si lo haces le estás dando la razón a alguien que no tiene ningún derecho en esta casa.

-¡Lo siento en el alma! –dice dura Abigail- ¡pero ya tomé una decisión y no pienso dar marcha atrás!

-¿Por qué no escuchar a la señorita? Abigail –llora Vicky- ¡si ustedes se marchan! ¿qué va a ser de mí? ¡yo no lo voy a soportar! Ustedes son como mi familia.

-¡Vicky por favor! –Abigail empieza a llorar- ¡no me hagas más difícil este momento!

-¡Es que Abigail ni siquiera contaste con mi opinión! –le reclama Ángela.

-Para mí, lo más importante en el mundo es la seguridad de mis hijos.. ¡y yo no puedo exponerlos a una tragedia simplemente por la terquedad de quedarme en esta casa!

-¡La seguridad te la garantizo yo! –llora Ángela- ¡si quieres yo le pido a Andrés que se marche de esta casa!

-¡No señorita! No se meta usted en más problemas de los que ya tiene... ¡pero es que llevamos muchos meses así señorita! Y las cosas únicamente han empeorado... ¡ya nada nos detiene aquí!
Ángela la mira desesperada- ¿Ni siquiera yo? –le pregunta con dolor.

Abigail ablanda la mirada y le sonríe- ¡Por usted si nos quedaríamos señorita! Pero... ¡no podemos aguantar más de verdad!

-¡Es que piensa en Antonio! –insiste Ángela- ¡no puede abandonar la universidad Abigail!

-Ya veremos que hacemos con los estudios, pero mire señorita, yo prefiero que no los termine a exponerlo a que le peguen un tiro... como pudo haber sucedido ayer por la noche... ¡fígurese!
-¡Pero no sea terca Abigail! –sigue llorando vicky- ¡escuche a la señorita Ángela! –le ruega.

Pero Abigail da media vuelta y se marcha a su cuarto.  Se cruza con Antonio que le da un beso y va de salida.

-¡Antonio! –le llama Ángela con los ojos rojos de lágrimas- ¡necesito hablar contigo!.
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-¡Tú y yo no tenemos nada que hablar! –le corta Antonio.
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-¡Antonio! Por favor escúchame... –le ruega Ángela con voz entrecortada.

Salvador entra desde el jardín y los escucha.

-¡No se pueden ir así! –sigue Ángela- ¡como si fueran unos desconocidos y dejar que los echen de esta manera!
Antonio mira asustado a Salvador y luego le responde- ¡Nosotros sabemos muy bien lo que somos! Mi mamá ya lo dijo todo y tenemos que aceptar que tiene toda la razón... Ella está cansada de maltratos y nosotros ya no tenemos nada que hacer aquí.
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-¡No puedes decir eso! –le reclama Ángela con sus grandes ojos verdes cuajados de lágrimas- ¿acaso ya no significo nada para ti?
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Antonio vuelve a mirar aterrorizado a Salvador y luego le dice a Ángela-¡Fuiste un sueño! ¡fuiste un sueño pero la vida nos obliga a despertar y a darnos cuenta que existen sueños inalcanzables!
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Y con esto y mirando a Salvador fijamente se marcha corriendo.

-¡Antonio! –corre detrás Ángela.

Salvador se queda quieto con aire de fastidio y luego la sigue.

*

En el jardín Ángela trata de detener a Antonio- ¡Antonio! –pero este no se detiene.

Salvador la alcanza- ¡Señorita!

-¡No quiero que me diga nada Salvador! –le exige Ángela- ¡no me diga nada! –y llorando se mete a la casa.
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Salvador se queda mirando a Antonio que se aleja.

*

Estacionamiento de la mansión.

Walter acompaña a Andrés hasta su BMW descapotable.  Como hace calor el auto está sin el techo.  Andrés se sienta al volante y Walter lo mira con admiración - ¡Bien dice que no hay mal que por bien no venga señor! –suspira- ¡anoche estaba muy alarmado por los acontecimientos pero el resultado no puede ser mejor! –y lo mira como si fuera un héroe - ¡al fin nos vamos a librar de esos condenados oportunistas!

-¡Si eso espero! –suspira Andrés- ¡no los aguanto más!

-¡Sobre todo lo que le dijo el altanero de Simón! –se escandaliza Walter- ¡es que en mi vida había visto a una persona tan grosera y atrevida! Usted tiene mucha paciencia don Andrés –lo mira con admiración- ¡yo en su lugar...! –y hace un gesto- ¡le hubiera contestado lo que se merece!

-¡El viejo Donoso le dio demasiada libertad con tanta protección! Alguien le tenia que poner fin a eso.

-¡Buen trabajo señor! –y orgulloso le hace el ‘number one’ con el dedo pulgar.

Andrés mira con odio hacia la parte de servicio- ¡todavía me queda otro para poner en su lugar! Y no voy a descansar –promete Andrés- ¡hasta mandarlo al infierno! –y arranca el auto y se aleja.

Walter se queda mirándolo con admiración y sonríe satisfecha.

*

Habitación Antonio y Simón

Valeria va a ver a Simón que está muy triste, sentado en una silla y con los pies sobre la cama.

 (claro... con botas por supuesto... con botas bien sucias sobre las sábanas )

-¡Simón! –sufre Valeria- ¡no puedo creer que se vayan así como así! Cuando el que tendría que marcharse es otro.

-¡Valeria! Todo tiene un límite y esta vez tenemos que respetar la decisión de mi mamá –dice suspirando con pena.

-¡Pero Simón!

-¡Valeria! ¿crees que a mi no me duele dejar esta casa? ¿mi trabajo? –y la mira- ¡y sobre todo a una persona tan linda como tú! ¡se me revuelve la sangre! Te lo juro... ¡pero yo no puedo ser egoísta! Mi mamá se ha fregado toda la vida por nosotros, para permitir que la sigan humillando de esta manera.

-¡Escúchame bien! –dice Valeria enojada- ¡no puedo quedarme con los brazos cruzados! Voy a hablar con Isabel... ¡ella debe entender que Andrés no puede...!
-¡No Valeria! –le corta Simón- ¡por favor! Es mejor que nadie nos ayude porque sino nos sentiríamos peor de humillado! –y luego desesperado la abraza- ¡Va a ser muy difícil dejar esta casa y no volver a verte!

Abigail abre la puerta y los ve abrazados... y se marcha.

Valeria abraza a Simón.

*

Pasillo.

Vicky llora desconsolada y ruidosamente cuando Salvador sale de la lavandería con su uniforme puesto- ¿Está llorando?

(bueno... no... solamente está haciendo ruidos  ¡qué pregunta! )

-¡Ni crea que estoy llorando nomás  por llorar Salvador! Pero con tantos problemas no puedo evitarlo... ¡ahora si es un hecho que Abigail se va con los muchachos y no hay nada para detenerla!

Salvador la mira y luego pregunta-¿ha visto a la señorita Ángela?
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-¡La vi subiendo para el ático y está muy triste también! No es para menos.

Salvador le pone una mano en el hombro para confortarla y luego sube al ático a buscar a Ángela.
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*

Ático

Ángela está acurrucada como una niña pequeña abrazando un peluche y llorando sin hacer ruidos. 

Salvador entra y la encuentra en esa posición.
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Y al verla en tan triste y se enternece y se acerca- ¡Señorita Ángela!
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-¡Déjeme sola Salvador! –llora Ángela- ¡es mejor que se vaya! Hoy no lo necesito.
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Pero Salvador al verla en ese estado- ¡Tal vez hoy me necesite más que nunca!
Ángela lo mira desesperada-¡No podré vivir sin Antonio!
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Salvador suspira y toma una silla y se sienta a su lado- ¡Es muy lamentable que se marche! –empieza- ¡si lo es! Pero ni modo... ¡usted debe sobreponerse!

Ángela lo mira con ojos inundados de lágrimas- ¡Lo amo y lo necesito!
-¡Si Antonio la correspondiera él haría lo imposible por mantenerse a su lado! –le dice duro y frío Salvador- ¿y qué hace? ¡se doblega a las circunstancias! ¡no demuestra seguridad!

-¡Es que yo no le pido seguridad! –gime Ángela con toda la desesperación del mundo en la voz.

-¡Usted está en la obligación de sobreponerse! –y la mira con amor pero duro- ¡piense que don Pedro José le hubiera exigido que mantuviera la dignidad en los momentos difíciles como éste!
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-¿Dignidad? –Ángela dice con ironía- ¿cuál dignidad Salvador? ¿de qué nos sirve la dignidad cuando estamos a punto de perder a los seres que amamos?
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-¡Señorita! –se enoja Salvador- ¿qué no se da cuenta? ¡no está bien que se humille! –le exige- ¡usted es una Donoso! –le recalca- ¡su obligación es darse su lugar y le hablo como haría su padre don Pedro José! - y una lágrima empieza a correrle por la mejilla.

Ángela lo mira con rabia- ¡Eso veo! ¡que me habla como un viejo que no entiende a sus hijos! –le reclama.

Salvador pierde pie completamente.... esta frase lo hace sobresaltarse y tartamudea- ¿Cómo? –y le tiembla la mandíbula y mira para otro lado y repite- ¡cómo un viejo! –y luego con rabia golpea el suelo y sin mirarla se excusa- ¡yo sólo trato de entenderla!
-¡Pues entonces entienda que no puedo perder a Antonio en este momento! –le dice furiosa Ángela y con el alma en la mano - ¡y menos ahora que estoy esperando un hijo de él!

Salvador se pone pálido como un papel y balbucea- ¿qué está que? –y la mandíbula le tiembla incontroladamente- ¿qué está qué? -Salvador se toma la cabeza entre las manos y luego la mira con profundo dolor- ¡qué está diciendo señorita Donoso! –y las lágrimas le ruedan libres por las mejillas.
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-¡Eso! –le dice Ángela- ¡que estoy embarazada! –y vuelve a sollozar desesperada- ¿eso si lo entiende o no?

Salvador la mira con desesperación... Ángela se vuelva a acurrucar en el sillón, abraza a su peluche y sigue llorando.

*

Casa de Gaetana

Sentado a una mesa Salvador llora- ¡Aparentemente soy joven! –le confiesa a Gaetana- ¡pero de nada me sirve! No he dejado de pensar y de actuar como un viejo de setenta años –dice con rabia- ¡sigo siendo el estricto señor Donoso! Con todas sus fallas... ¡incapaz de encausar el destino de su propia hija!

-¡La verdad que me parece bien que lo reconozca! –le consuela Gaetana- ¡porque siempre tuvo muy buen ojo para manejar sus negocios!
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-Pero en la vida personal... –Gaetana hace una pausa para darle a entender que tenía muchos defectos- ¡y no se puede estar quejando ahora de los resultados!
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Salvador solloza- ¡Ay la vida Gaetana! –dice frustrado- ¡la vida! ¡yo estoy tan decepcionado de la vida! –y agarra fuerte su vaso de agua.

-¡Qué! –se enoja Gaetana- ¿usted me quiere decir que fue eso lo que sintió cuando Ángela le dijo que estaba esperando un hijo? ¡decepción!

-¡Hubiera querido castigarla! –le confiesa Salvador con rabia- ¿pero cómo voy a hacerlo si ya no soy su papá? –y sufre humillado- ¡Ahora soy un simple empleado!

Gaetana se levanta enojada- ¡Es que aún siendo Pedro José Donoso usted no tiene ningún derecho a reclamarle absolutamente nada! –le reclama.

-¿Cómo no voy a tener derecho a reclamarle? –exclama Salvador.

-¡Mire Salvador! Tiene razón al decir que no le sirve nada una nueva vida si usted no cambia y analiza desde otro punto de vista... ¡usted sigue siendo un hombre retrógrado! ¡reconózcalo!

-¡Gaetana! ¿usted le parece normal todo lo que está pasando? –se enoja Salvador.

 (Si... normalísimo... yo me encuentro uno o dos difuntos por día)

-¿Y no es normal que una mujer normal salga embarazada esté casada o no?

-¡Ángela Donoso no es una mujer normal! –le dice digno Salvador- ¡ella no es una cualquiera! ¡ella es mi hija!
-¡Si! –se burla Gaetana- Si, yo lo sé... ¡ella no es una cualquiera ni cualquier hija de vecina! ¡no! –y levanta el dedo índice- ¡ella es la dignísima y única hija de Pedro José Donoso! –le recita Gaetana- ¡y por tanto no tiene derecho a ser una madre soltera!
Al escuchar esto Salvador furioso golpea la mesa con las dos manos.  Gaetana se compadece y se acerca y le pone las manos sobre los hombre- ¡Hombre! Cálmese... ¿por qué no piensa más bien en que ella es un ser humano? Y por lo tanto tiene derecho a escoger el camino que su corazón le dicte.

Salvador se agarra la cabeza-¿Qué no entiende que yo esperaba más de ella? –le grita- ¡no es...! ¡no es una persona primaria!
-¿Qué esperaba hombre? ¡dígame! ¿controlarla, dominarla, escogerle el marido como los padres de hace dos siglos? ¡no Salvador! Porque seria injusto y egoísta –y luego le dice seria- ¡usted más bien debería pensar lo que está pasando esa pobre muchacha! ¡porque debe ser terrible!

Salvador admite- ¡Está muy mal! –le cuenta- ¡la pobrecita está muy mal! –reconoce- ¡anda sin saber qué camino tomar!
-¡Ay Salvador! Si usted regresó para ayudarla, para protegerla... ¡no para juzgarla y condenarla! Porque eso mi amigo... –le dice con voz premonitoria- ¡eso lo van a hacer todos los demás cuando se enteren la verdad!

Salvador llorando asiente con la cabeza.  Gaetana lo consuela- ¡ya pasó todo!

Salvador pone la cabeza sobre la mesa sintiéndose desgraciado.

*

Mansión.

Ángela se pasea nerviosa en la sala cuando en las escaleras aparece Andrés y se queda disfrutando de su triunfo.  Sonríe con maldad al verla desesperada.

*

Habitación Antonio y Simón

Simón entra y ve a Antonio estudiando- ¿Qué tu sigues metido en tus libros a pesar de todo? –le reclama.

-¡No tengo por qué dejar a un lado los estudios! Claro que no puedo concentrarme porque la idea de alejarme de aquí me trastorna por completo.

-¿Has visto a Ángela? Está muy deprimida... ¡por lo visto este problema le afecta a ella más que a ti!
-¡Ya se le pasará como pasa todo! –dice Antonio amargado.

-¿Y a ti ya se pasó? Parecías tan dispuesto a luchar por ella.

-¡Cuando salga de esta casa y no vuelva a verla seguro se me va a romper el alma! Pero hay cosas contra las que no se puede luchar –y agrega misterioso- ¡hay cosas que me producen miedo!

-¿Qué quieres decir? ¿de qué sientes miedo?

Antonio se levanta -¡siento miedo de sentirme vigilado por alguien que creí que ya había desaparecido! ¡de una voz que creí apagada y volví a escuchar!
-¡Antonio! –exclama Simón- ¡tú sigues mal de la cabeza! ¿no es cierto? Hablas como si estuvieras chiflado.

-¡Es mejor no hablar ni explicar nada!
-¡Bueno! No creas que no te comprendo, yo también me siento muy mal de solo pensar que tengo que dejar a Valeria. ¡Antonio! Tengo que buscar la manera de no perderla, pero no sé cómo lo voy a hacer si viajamos a casa de los tíos.

-¡Mamá estuvo tratando de hablar con ellos pero no pudo!

-¡Ojalá no pueda! Es que no me gusta salir de aquí para salir a depender de unos familiares que prácticamente ni conocemos.

-¡Estoy totalmente de acuerdo contigo Simón! Debemos convencerla para luchar por nuestra cuenta aunque tengamos dificultadas. Lo que hemos pasado debe bastarnos para no caer en la misma trampa.

*

Sala.

Andrés se acerca con una sonrisa maquiavélica disfrutando de su triunfo.  Ángela al verlo trata de marcharse pero Andrés la detiene del brazo.

-¡No quiero que me hables! –le grita Ángela- ¡no quiero que me vuelvas a dirigir la palabra!

-¿Estas así por la decisión de Abigail y sus hijos? –se burla Andrés.

-¡Si se van no es por su voluntad sino porque tú los amenazaste!
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-¡Ah no los amenacé! Eso quedó claro.

-¡Lo que quedó claro es que estabas armado Andrés! Y que los amenazaste con tu pistola... ¡el que se debería largar de esta casa eres tú! ¡con esa actitud quedó claro que eres muy peligroso!
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-¡Creo que deberías agradecerme por librarte de Antonio! Sé que terminaste tu relación con él... ¡así que es mejor que no lo veas nunca más! –y luego se ríe burlón-¡te doy un consejo! No busques consuelo en los brazos de Cerinza... ¡no!

-¡Eres un miserable! –le grita Ángela- ¡te juro que no sé como te soporto! –y furiosa sube las escaleras y se cruza con Isabel que baja.
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Isabel muy elegante tiene puesto un vestido verde (que le queda horrible!! )

Isabel se acerca enojada- ¿ya la estabas fastidiando nuevamente?
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-¡Ay! –suspira cínico- ¡lo hace ella solita! Es una estúpida que no sabe manejar sus sentimientos.

Isabel lo mira de pies a cabeza con una sonrisa despectiva- ¡Mira quien lo hice! –y se marcha.

Andrés la detiene del brazo- ¿Dónde vas?

Isabel se libra el brazo de un gesto brusco- ¿por qué no lo averiguas tú solo? ¡intenta seguirme! ¡Ándale! –lo reta- a lo mejor no estás conforme con el ridículo que hiciste la otra vez.

-¡Ayayay! –dice Andrés con ojos llenos de locura- ¡vas a terminar con mi paciencia!

-¡Escúchame muy bien! –le dice Isabel altiva- ¡porque voy a estar saliendo constantemente! Tengo muchas cosas que arreglar y si no te parece entonces ¡haz lo que se te pegue la gana! A mí no me vas a intimidar cómo lo hiciste con Abigail ¿entendiste? –le grita.

-¡No! Claro que no... ¡la que amenaza eres tú! ¡ya me lo demostraste tirándome el carro encima! –y la mira con rabia- ¡si te persigo esta noche! ¿cómo piensas eliminarme?

Isabel sonríe con sorna y se marcha dejándolo plantado.

*

En el piso superior Valeria practica el piano y viaja muy lejos con el pensamiento.

*

En la sala Walter le sirve un trago a Andrés y se lo acerca

-¿No habrá manera de alejarla de ese piano cuando yo esté en la casa? –se queja Andrés y se toma un trago.

Walter lo mira inquieto.

*

Valeria sigue practicando. Simón abre la puerta del cuarto y se queda mirándola embelesado sin hacer ruido, mirándola enamorado.

*

En la sala Walter pregunta- ¿por qué no siguió a la señora Isabel esta noche?

-¡Porque no voy a dejar que se burle de mí otra vez! –dice Andrés de mala gana- ¡por eso!
-¿Y usted sabe adonde fue? –pregunta Walter insidioso.

-¡No! No lo sé... ¡no creo que vaya a ningún lado en particular! Lo hace para molestarme nada más.

Walter lo mira dudando.

*

Isabel vuelve a su apartamento.  Abre la puerta y entra al apartamento solitario.  Prende la luz y se pasea lentamente estudiando cada cosa, cada ropa y se tira en la cama y cierra los ojos y suspira- ¡Ay Salvador! –y repite- ¡Salvador! ¡Salvador!

*

Casa Gaetana

Salvador en su cama no puede dormir y recuerda una vieja conversación con su hija.

“-¡Es evidente que estás acostumbrada a los placeres libres! –le regaña el viejo Donoso- ¡si haces esto enfrente a mis narices no quiero ni imaginarme tu comportamiento todos estos años en Europa!”

“Ángela le responde llorando- ¡No te permito que me juzgues de esa manera!”

“-No... claro que no –se burla el viejo Donoso- ¡soy un pobre viejo anticuado que escandaliza por todo! Y no tengo derecho a opinar... ¡pero sé que no voy a permitir esta clase de libertinaje y voy a pedirte que regreses a Europa!”

“-¡Papá por favor!”

“-¡Allá podrás hacer lo que se te de la gana sin que nadie te reclame ni te regañe! –le responde duro”

Salvador reviene a la realidad y recuerda a Isabel temblando como una hoja.

"-¡Le aseguro que si yo matara a Andrés no estaría matando a ningún inocente!"

"-¿Y se atrevería a hacerlo?"

"-¡Si usted me lo exige! ¿usted me lo exige?"

“-¡Se trata de él o de nosotros!”

“-¿Usted me lo exige? ¡respóndame!”

“-¿Si por qué no? ¡se lo exijo! “

Salvador vuelve a la realidad.

*

Apartamento Isabel

Isabel solitaria, se pasea de un lugar a otro pensando y reflexionando.  Sin descanso... de una lugar a otro buscando respuestas en ella misma. Se sienta en una silla.

*

Mansión.

-¡Cada vez es más fuerte mi idea de deshacerme de él y el deseo de recuperar nuevamente mi libertad! –le confiesa Isabel a Salvador en la lavandería- ¡lo necesito! –le ruega- ¡necesito mi libertad para entregársela toda a usted! –y se le acerca mirándole a los ojos- ¡pero también necesito de su ayuda Salvador!

Salvador suspira con frialdad- ¡si Andrés Corona la ayudó a deshacerse del señor Donoso no espere que yo haga lo mismo! –le acaricia el mentón- ¡yo no tengo la sangre fría como para llegar al crimen! –le dice cínico.

(Si... cínico, porque él se lo pidió directamente )

-¡Bueno! –sonríe irónica Isabel- ¡pero tampoco presuma de inocente conmigo!
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Isabel sigue- Porque usted utiliza peores armas –le acusa- ¡incluso para matar!
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-¿Cuáles armas? –se sorprende Salvador.

Isabel desvía la mirada y tiembla- ¡La ansiedad! –susurra- ¡el amor! –y luego le mira a los labios- ¡y la pasión!
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Y se acerca y lo besa suavemente.
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Y Salvador le responde.
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Isabel se separa- ¡le espero esta noche dónde la última vez! –le dice con voz suave- ¡le suplico que no falte!

Salvador le acaricia el mentón con cariño. Isabel sale de la lavandería y Salvador se toma el mentón.

*

Salvador sale de la lavandería y se tropieza con Rebeca que le trae un gran regalo- ¡le compré este regalo para que lo use esta noche! –y se lo entrega corriendo- ¡nos vemos en el restaurante de siempre! ¿verdad?

Salvador la mira con disgusto.
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Salvador mira el regalo con fastidio.
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-¡Espero que esté más animado! –Rebeca ignora su mirada y se marcha.
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Abigail llega.

-¡Abigail! –la llama Salvador- ¡necesito hablar seriamente con usted por favor!
Abigail se acerca- ¡Salvador no intente de convencerme de permanecer aquí! Ya suficiente tengo con los lamentos de Vicky y las empleadas.

-¡Le está quedando mal al señor Donoso Abigail! ¿cómo se va a dejar acobardar por un miserable como Andrés Corona!
Abigail se enoja- ¡yo estoy segura que el señor Donoso me entenderá desde el lugar en que Dios lo tenga! –y mira la cielo.

-¡Pues a lo mejor lo tiene más cerca de lo que imagina y él no está de acuerdo con su comportamiento! –dice egoísta.

-¡Salvador! Seamos realistas, yo no puedo quedarme aquí, quiero evitarme más conflictos.

-¡Abigail no tome una decisión a la ligera!
-¡Mire! ya conversé con mi familia y están dispuestos a ayudarnos.

-¿Y usted cree que hace bien? Pidiendole favores a unos familiares que la rechazaron durante tanto años.

Abigail se sorprende.

-¿Qué gana marchándose de aquí? ¡no entiendo su soberbia!
-¡No es soberbia Salvador! –le aclara Abigail calma- ¡yo sé muy bien bajar la cabeza cuando la situación lo merita! Pero quiero que me entienda si yo estuviera sola las cosas serían diferentes, pero mi prioridad es la seguridad de mis hijos.

-¡Sus hijos ya son unos hombres hechos y derechos que se van a sentir avergonzados de saberse sometidos a otras personas!
-¡Mire Salvador! –se impacienta Abigail- ¿no le parece que a veces se toma atribuciones que no le corresponden? ¡no me regañe! –le exige- ¡usted no es el señor Donoso para decirme qué tengo que hacer con mi vida! –y se marcha pero se detiene y lo mira- ¡pero a pesar de eso lo voy a extrañar! –le sonríe- ¡le he tomado mucho cariño! –y lo deja solo.

Salvador mira el regalo que tiene en la mano, pero entra a la habitación de Antonio sin llamar- ¡Usted y yo tenemos que hablar!

-¡Voy de salida a la universidad señor! –se cuadra Antonio.

-¡Al señor le urge hablar con usted de un asunto extremadamente delicado y le exige dar la cara! –le ordena Salvador- ¡así que lo espero esta noche en mi casa! ¡espero que no haya olvidado el camino y que no tenga miedo de regresar! –y dejando a Antonio temblando sale de la habitación.

*

Carretera.

Más tarde Salvador conduce a Ángela- ¿Adonde quiere que la lleve señorita?

-Al consultorio del doctor Duarte por favor.

-¿El la está atendiendo?

-No, había estado viendo a otros especialistas para evitar que usted me hiciera preguntas, pero lo estuve pensando y decidí que era mejor verlo a él.  Finalmente es nuestro médico de confianza.

 (¡Ay no! Otra vez vamos a tener un médico que no solamente es médico general, sino que es cirujano, ortopedista, obstetra  y ginecólogo? )

-¿Cuántos meses tiene de embarazo?

-Dos –y se le llenan de lágrimas los ojos.

-¿Ya habló con Antonio?

-Lo he intentado pero él me rechaza –y mira por la ventanilla- ¡yo creo que no debería contárselo nunca!

-¡Señorita! Yo creo que usted debería ser un poco…

-¡Por favor Salvador! –le corta- ¡yo no quiero hablar más de eso!
Salvador bruscamente detiene el auto.

(si… en el carril derecho de una carretera de alta velocidad ... es un milagro que nadie los haya atropella hehehe )
-¡Tenemos que hablar señorita! Usted no puede enfrentar ese problema sola.

-¡Yo sé muy bien lo que hago! –le corta Ángela- ¡y por favor no me hable así! Yo le tengo mucha confianza y es por eso que le conté este secreto pero… ¡recuerde que este no es un asunto de negocios!
Salvador mira al frente preocupado- ¡Lo sé! –hace una pausa- ¡es algo mucho peor!

-¡Si así es! Y es por eso que le agradezco su ayuda, pero… no quiero involucrarlo en mis problemas personales –le dice fría - ¡esto es algo que debo resolverla yo sola!

-La entiendo –se resigna Salvador- ¡discúlpeme señorita! –y luego agrega con frustración- ¡a veces olvido que soy un simple chofer! –y arranca el auto- ¡un simple chofer! –repite.

*

Bar

Matilda llega con muchas cajas.  Camilo la ayuda.

-¡Matilda! ¿Qué hiciste? –exclama Gaetana- ¡vaciaste todas las tiendas mujer!

-¡Esto no es nada mi amor! En el auto tengo miles de paquetes más y te vas a morir cuando veas las bellezas que compré para mi fiesta de compromiso!

-¿Dónde pongo todo esto? –se queja Camilo- ¡ya me están doliendo los brazos!

-¡Ay Camilo! –Matilda- llévalo ¡todo menos esto! –y toma una bolsa- ¡es un regalito que le compré a este encanto de niño! –y mira cariñosa a Moncho que dibuja sobre una mesa-  ¡Mira! –y saca una remera roja- ¡mira lo que te compré! ¡ahora puedes sacarte esa ropa mugrienta que traes! ¿te gusta?

-¡Si claro que me gusta! –dice Moncho sonriendo de oreja a oreja (y tal vez sonriendo por primera vez en toda la novela) feliz del regalo.

 (Si… era hora de que alguien le cambiara la ropa a este pobre niño! )

 Pero Cantalicia los ve y salta como una fiera- ¡No! No mi hijo, ¡no reciba eso! –le prohíbe.

-¡Señora! ¿Qué le pasa? –se enoja Matilda- ¿Por qué no lo deja recibir?

-Pues me va a tener que disculpar señorita –dice Cantalicia abrazando a Moncho como para protegerlo- ¡pero créame que no es para hacerle un desaire! Pero yo no quiero que me alejen de mi hijo con esos trapos de niño rico… ¡luego se va a sentir que es de mejor familia y va a dejar de quererla a una!
Gaetana pone cara de espanto.

-¡Igualito como su papá! –concluye Cantalicia.

-¿Qué pasa con su papá? –pregunta Matilda.

-¡No pasa nada! –interviene Gaetana- ¡no le hagas caso a la pobre! –y luego toma del brazo a Cantalicia y la arrastra- ¡tú y yo tenemos que hablar! Con permiso –y se la lleva.

*

Casa Gaetana

-¡Qué dices! –le reprocha Gaetana.

-¿Qué pasó? –se sorprende Cantalicia - ¿a poco hice algo mal?

-¡Por supuesto que si!
-¿Qué?

-¡Estuviste a punto de decirle a Matilda que tu eras la mujer de Salvador! ¿no te diste cuanto? ¡tienes que amarrarte esa lengua mujer!

-¡Mire! –se enoja Cantalicia- ¡yo lo único que quiero es que no me dañen a mi muchachito con esa ropa tan fina! ¡no quiero que le pase lo mismo que le pasó al Salvador!
-¡Ay mujer! ¡no digas tonterías! –Gaetana toma aire para armarse de paciencia- ¡la ropa no le cambia los sentimientos a nadie!

-¡Pues fíjese que no son tonterías y que la gente si cambia! ¿eh? –dice terca Cantalicia- ¡sino el Salvador me seguiría queriendo a mí lo mismo que antes! ¡no se sentiría avergonzado de mí!

*

Bar

Aprovechando la ausencia de Cantalicia Matilda habla con Moncho-¡te vas a ver guapísimo mi amor! Porque tú no eres nada feo… ¡y no es justo que tu mamita por lo más pobre que sea te mantenga en malas condiciones! –y le entrega la remera y le sonríe- ¿Cómo te llamas?
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Moncho mira fascinado la remera y le contesta distraído- ¡Moncho!

-¿Moncho cómo? –pregunta Matilda.
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-¡Salvador Alonso! –sigue Moncho.

Matilda pone cara de sorpresa- ¿Salvador? ¿tu nombre es Salvador? –y en ese momento hay un gran estruendo de cristalería estrellada y Matilda casi le da el ataque- ¡Ah! –se le va el aire y sale corriendo hacia la trastienda- ¡Camilo! –grita- ¡no abras roto la cristalería por favor! –Matilda se marcha.

Moncho toma la remera entre sus brazos y luego sonríe y repite- ¡Me llamo Salvador igual que mi papá!

*

Consultorio doctor Duarte

-¡Te encuentro perfectamente y no tienes nada que temer! –doctor Duarte- si conocías tu estado ¿Por qué no me habías consultado?

-¡Bueno, es que estaba un poco confundida! La verdad yo no me esperaba esto… ¡no sé si me entiende doctor!

-¡Claro que te entiendo! Pero no debes sentir miedo! Tienes que calmarte para que el embarazo transcurre normalmente sin ningún tropiezo.

-¡No será fácil!

-¡Me imagino que no! Debes prepararte y hacerle frente a los comentarios malintencionados de la gente –le aconseja.

-¡Si pero no me importa! Yo estoy dispuesta a afrontar mis actos sin avergonzarme de nada!

-¡Me alegro escucharte hablar así! Porque un niño no es ninguna vergüenza, es una bendición de cielo y tienes que cuidarte para que nazca en las mejores condiciones.

-¡Así lo haré doctor!

-¡Te controlaré periódicamente! Si tienes algún malestar no dudes en llamarme ¡puedes contar conmigo incondicionalmente!

-¡Muchas gracias! Además de ser un excelente médico es usted un gran ser humano.

-¡Me imagino que al señor Donoso le hubiera encantado conocer a su nieto! –dice el doctor Duarte sonriendo.

-¡Seguramente él no me hubiera perdonado! –le dice Ángela sufriendo- ¡usted mejor que nadie que él era un hombre muy estricto!

-¡Yo no pienso así! Pienso que te habría respaldado y te hubiera dado su apoyo incondicional –y luego la mira- ¿alguien más sabe de tu estado?

-¡No! Absolutamente nadie… ni siquiera el papá del niño… -y luego agrega- ¡la única persona que lo sabe es Salvador! Mi chofer.

-¿Y por qué el chofer? –se sorprende el doctor.

-¡Porque me inspira mucha confianza y se ha convertido en alguien muy importante para mí!

El doctor Duarte la mira sorprendido y dice pensativo- ¡Si! Debe ser alguien muy especial.

*

Afuera, esperando a Ángela al volante, Salvador tiene una expresión muy triste y preocupada… y recuerda las palabras de Gaetana.

“-¡Ay Salvador! Si usted regresó para ayudarla, para protegerla... ¡no para juzgarla y condenarla! Porque eso mi amigo... –le dice con voz premonitoria- ¡eso lo van a hacer todos los demás cuando se enteren la verdad!”

Salvador vuelve a la realidad y le cierra la mandíbula y baja la cabeza. Sufre.

*

Mansión.

Salvador se cambia el uniforme para retirarse.  Se pone una camisa negra… ¡muy guapo!

Antes de salir con fastidio disgusto recuerda el regalo de Rebeca,
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y lo recoge
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lo abre y encuentra un blazer azul,
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lo examina con desprecio,
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lo vuelve a guardar sin cuidado y sale.
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 *
Sale al pasillo y se encuentra a Valeria mirando al jardín (esperándolo?  ). 
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Salvador se detiene y le sonríe.  Valeria se le acerca y también sonríe- ¿ya va de salida?
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-¡Si señorita Valeria! Ya es hora.

-¡Casi nunca nos vemos!
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-¡Así es! Pero siempre la escucho cuando está ensayando en el piano.

-¡Y todavía me falta practicar aún más!
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-Recuerde, el que persevera triunfa… ¡a lo mejor y un día y logra recuperar al señor Donoso.

-¿Usted ha escuchado esa música que llega del estudio?

-Hum… -asiente Salvador.

-¡Es inexplicable porque es la misma que interpretaba el señor Donoso!

-¿A usted le produce miedo?
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-¡No! –le afirma Valeria- ¡todo lo contrario! Me da una gran emoción.

Salvador sonríe complacido- ¡Recuerde que el señor Donoso le prometió que algún día tocaría para usted! –le sonríe divertido- ¡a lo mejor regresó y le está cumpliendo su promesa!

-¡Eso mismo pensé! ¿pero sabe? No creo que volvamos a escuchar su música –le afirma Valeria.

-¡Yo creo que sí! –le afirma Salvador misterioso- ¡y lo hará en su honor! 

-¿Por qué está tan seguro?

Salvador sonríe y suspira profundamente- ¡Porque a una jovencita tan linda como usted nadie le puede incumplir una promesa! –y la mira admirado- ¡así se trate de un muerto!
-¡Para mí no está muerto! –le recuerda Valeria.

Salvador la mira ilusionado- ¡Es cierto! Tal vez él se encuentre muy cerca de usted… ¡admirándola! –y suspira- ¡como lo estoy haciendo yo en este momento!

 Salvador decide marcharse y la deja, pero al llegar a la puerta se detiene y la mira… ¡y sonríe con ojos llenos de ilusiones perdidas!  ¡y de inocencia perdida!

 

Contigo me vuelve la vida

Contigo regreso al amor

mi corazón te esperaba

Contigo me vuelve la vida

contigo yo regreso al amor

hace tiempo que yo te buscaba

mi corazón te esperaba

contigo descubro el amor

 

¡Y Valeria ilusionada le sonríe con esperanzas!

*
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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