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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN
MARTINEZ LOZANO * "There are more things in heaven and earth, Horatio. Than are dreamt of in your philosophy." (Traducción:
"Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio. Que las
que sospecha tu filosofía.") * Mansión. El
piano sigue brindando sus notas divinas... Noche de Ronda. Isabel
en bata de seda violeta, y acompañada por la
antipática Rebeca espera con los brazos cruzados en el
pasillo. Ángela, con una combinación de seda
rosada sale al pasillo acompañada de Antonio
-¿Qué pasa señoras? -interroga
éste último. Isabel
mira fastidiada a su tía. Antonio
cruza los brazos -¡Sí doña Rebeca,
está sonando! ¿Y cuál es el problema? -¡Ángela,
te quería pedir las llaves del estudio por favor!
-Interviene Isabel para cortar la conversación. Isabel,
tranquila, observa la histeria de su tía. -¡Por
favor, por favor! -Se indigna Rebeca- ¡no me digan que
ustedes están muy tranquilos porque no se los voy a creer! -¡Pues
no tenemos miedo señora y si es mi papá el que
está tocando allá adentro tiene todo el derecho
de hacerlo porque ésta sigue siendo su casa! -Le corta
Ángela. -¡Ay
Ángela! -suspira Isabel cansada- ¡por favor
préstame las llaves para que ella lo crea con sus propios
ojos! -¡Pierdes
tu tiempo Isabel y no voy a permitir que saquen ese piano de
allí, es un objeto sagrado e intocable! ¿De
acuerdo? -Ángela mira amenazadoramente a Rebeca. -¡Ángela,
no me haga perder la paciencia! -Le grita Rebeca mientras Isabel mira
al techo fastidiada con su tía. -¡Y
usted no me haga perder la mía señora, le espante
a quien le espante, si ese piano suena todas las noches, a
mí no me importa! -Y de pronto Ángela le dice una
gran verdad- ¡y si no le parece! ¿Por
qué no hace sus maletas y se larga de esta casa? Antonio
le pone una mano en el hombro a Ángela para calmarla. -¡Jovencita
altanera, cuide sus palabras! -grita Rebeca. -¡Y
usted no sea entrometida señora!
¿Además quien le autorizó a venir a
tocar a mi cuarto a estas horas de la noche? -Dice Ángela
furiosa. Antonio
se preocupa-¡Ya escuchó a mi esposa
señora, o se acostumbran a esos conciertos misteriosos o
mejor se van! -Y Antonio conduce a Ángela de vuelta a la
habitación -¡con permiso! Cuando
quedan solas Rebeca explota -¡Isabelita! ¿No te
das cuenta de lo que están diciendo? -Grita
histérica- ¡son unos atrevidos, haz algo!
¿No? -le exige. Pero
Isabel cansada le da la espalda -¡Te lo dije tía,
a mí no me importa lo que pase, estoy de acuerdo con ellos
totalmente! -Se da la vuelta y la enfrenta fastidiada- ¡sino
te gusta, entonces lárgate de la casa tía!
¡Yo no pienso seguir luchando contra el fantasma de Pedro, me
interesa muchísimo más luchar contra los vivos!
-Y diciendo esto se mete su cuarto y la deja plantada. -¡Isabel!
-Le grita Rebeca inútilmente -¡Isabel por favor! Pero
Rebeca se queda sola en el pasillo mientras siguen sonando las notas el
piano. (Ay!!!
* Al
día siguiente. -¡No
Isabel, de ninguna manera! -Rebeca vuelve al ataque en la
habitación de Isabel- ¡no tolero la conducta de
las personas que viven en esta casa! Isabel
sin escucharla, en negligé de seda, se dirige a buscar la
ropa que se va a poner. -¡No
es posible que todos acepten que ese piano siga sonando tan
deportivamente sin ninguna explicación! -Rebeca con su voz
insoportable. Isabel
regresa fastidiada -¡A nadie le molesta, solamente a ti! -Y
tira la ropa sobre la cama y regresa a buscar otra cosa. -¡Eso
es lo peor del asunto, todos se acostumbraron y hasta se sienten muy
complacidos de que haya un fantasma en esta casa! -Se indigna Rebeca-
¡como si fuera la gran maravilla! Isabel
vuelve con dos faldas. -¡Cuando
la música empieza a sonar ya nadie se acerca el estudio para
saber que pasa allí! -Rebeca abre los ojos con miedo-
¡eso es monstruoso Isabel! Isabel
suspira cansada y fastidiada. -¡Isabelita,
reacciona por favor, tienes que tomar cartas en el asunto! -¡Ya
te dije tía, que no puedo hacer absolutamente nada! -Le
aclara Isabel con rabia contenida. -¡No
puedes permitir que la tonta de Ángela vaya por encima de
ti! -Y luego Rebeca se burla- ¡si ella goza imaginando que el
fantasma de su papá está sentado en el piano!
¡Pues tú no debes secundarla en semejante
aberración! -¡Tía!
-le grita Isabel al borde de la exasperación. -¡Es
urgente Isabel destruir ese piano, acabarlo de una buena vez! -¡A
ver tía! -trata de razonar- ¡supongamos que nos
deshacemos de ese estúpido piano! -Isabel la mira a los
ojos- ¿que pasaría si se sigue escuchando la
música? -y le abre los ojos bien grandes- ¿no
sería mucho peor? -¡Pero
hija, si eso pasa recurriremos al exorcismo! -decide Rebeca. Isabel
fastidiada se toma de la cabeza y le da la espalda. -¡Traeremos
a un sacerdote para que le eche agua bendita a este lugar! Isabel
se retoca el maquillaje tranquilamente. -¡Y
así puede expulsar a cualquier espíritu malo que
ande rondando por aquí! Isabel
la mira con burla -¡Afortunadamente no eres tú la
que maneja esta casa porque sino nos vas a dejar en el
ridículo a todos! -y se sigue maquillando. -¡Sinceramente
Isabel! ¿No sientes miedo? -Interroga Rebeca intrigada ante
su tranquilidad- ¿a ti no te importa que el fantasma de tu
primer esposo nos desvele todas las noches con sus conciertos? Isabel
deja de maquillarse y sonríe... sonríe con
ternura y luego exclama -¡Ojala fuera él! -desea,
pero luego baja la mirada y una expresión triste se apodera
de ella. Toma el retrato don Pedro José y lo mira
-¡no tía! -dice convencida y se queda mirando el
retrato- ¡no, porque Pedro fue un hombre maravilloso! -y
suspira y abraza fuerte el retrato -¡nada relacionado con
él me podría dar miedo! -Isabel cierra los ojos
muy fuerte- ¡nada! Y
luego separa el retrato y le sonríe triste -¡Si en
vida no le hizo daño a nadie, mucho menos muerto!
¿No crees? -Y pone el retrato en su lugar. -¡Ay
Isabel, no lo veas como algo normal hija! analiza con cabeza
fría la situación -insiste Rebeca. -¡Tía!
-Isabel se exaspera -¡no le quiero buscar
explicación a las cosas! ¡Es lo que estamos
haciendo todos menos tú y Walter! Rebeca
recuerda algo -¡Isabelita, a propósito de Walter!
¿No te parece que ya deberías recuperar su
confianza? Isabel
la mira como para fusilarla. -¡No
te conviene tenerlo de enemigo mientras el peligro no haya pasado
Isabel! Isabel
mira lo lejos -¿El peligro? -Se pone alerta. -¡Isabel,
estás en grave peligro! Yo por ejemplo, más que
nadie, estoy segura de que eres inocente en referencia al caso de
Andrés pero cualquier declaración malintencionada
¡puede perjudicarte terriblemente Isabelita! Isabel
le sonríe altiva -¡Eso lo sé
perfectamente tía, y en este momento cualquiera que tome la
decisión me podría perjudicar! Pero no te
preocupes... ¡porque no sería la única!
-Dice misteriosa- ¡no lo sería! * Cítricos
Donoso. -¡Bueno!
-Responde Salvador. * En
su oficina, la ex-oficina de Andrés, el doctor
Garcés habla por teléfono con un cliente
-¡Estoy de acuerdo, tuvimos algunas anomalías con
la producción pero ya está todo solucionado! -Y
luego corta- ¡Nos vemos en la próxima
reunión! Golpean
a la puerta y entra Salvador -¿Interrumpo? -¡Gracias!
-pero no se sienta- sólo venía a avisarle que me
ausentaré en horas de la tarde doctor. -¿Y
eso a qué se debe? -pregunta Garcés
distraído- ¿Tiene algo urgente que atender? -¡Obligatorio
diría yo! Tengo que presentarme a la jefatura de
policía -le aclara Salvador. El
doctor Garcés sonríe -¡No me digas
Salvador que tiene líos judiciales! -pero al ver que
Salvador no sonríe se pone serio- ¡de ser
así usted puede contar conmigo para lo que sea! -se ofrece. -¡Yo
lo sé doctor, pero no es necesario! Se trata de algo
relacionado con la muerte de Andrés Corona -y sin explicar
más se marcha dejando al doctor Garcés muy
intrigado. * Apartamento
de Felipe. Mientras
Moncho posa para Felipe que lo pinta como niño campesino,
éste le pregunta -¿Te sientes feliz viviendo de
mi casa Moncho? -¡Me
gusta mucho! -Sonríe Moncho. -¿Pero
por qué te gusta? -¡Porque
usted es un señor muy bueno que me enseña a
escribir, a leer y a pintar cosas muy bonitas! -le responde
sinceramente. Felipe
lo mira maravillado y orgulloso-¿Y qué
más? -¡No
me tengo que parar temprano a hacer oficio! -le confiesa Moncho- Y
usted me compra chocolatines. -¡Pero
entonces no digas simplemente que te gusta, sino que éstas
feliz! -ríe feliz Felipe. Pero
Moncho deja de sonreír y baja la mirada triste
-¡Extraño mucho a mi papá! Felipe
se enternece y se acerca -¡Bueno! ¿Tu
papá te ha enseñado a leer, a escribir o a
pintar? -Se sienta a su lado. Moncho
mueve la cabeza negativamente. -¡Así!
-Felipe le levanta el mentón- ¡levanta la cabeza,
así, no me gusta verte triste Moncho! En
ese momento entra Cantalicia que está muy guapa, bien
peinada y bien vestida -¿y ahora qué mosca le
picó a don Felipe? -Sonríe al ver la pintura de
Moncho- ¡cómo no vinieron sus viejas ahora va a
meter a mi chamaco! -sin embargo le reclama. -¡Nada
tiene de malo y deje de meterse con mis pinturas! -se exaspera Felipe. -¡Yo
no digo que tenga algo de malo! Lo único es que me va a
hacer bien flojo a este muchacho, a esta hora Ud. debería
estar ayudándome allá en la cocina -y Cantalicia
llama a Moncho. Pero
Felipe la detiene- ¡Déjelo en paz Cantalicia! -se
enoja- ¡déjelo en paz! Cantalicia
lo mira molesta pero se calla. Felipe
vuelve al trabajo pero de pronto pregunta-¡Dígame
una cosa Cantalicia! -pregunta- ¿su marido sabe tocar el
órgano? Cantalicia
lo mira asombrada y perdida- ¿Cuál
órgano don Felipe? Felipe
la mira asombrado y luego comprende (y se
muerde una sonrisa -¡Pos
la verdad es que él resultó haciendo cosas muy
raras! -Y Cantalicia se abraza a sí misma asustada. -¿Pero
sabía o no sabía? -insiste Felipe. -¡Pos
no sabía! -exclama Cantalicia- El lo único que
sabía tocar era el pico y la pala, Salvador era muy cerrado
para esas cosas, a él no le gustaba aprender nada nuevo
¡lo único que sabía era nada
más acompañarme al pueblo! -le cuenta mientras se
rasca la cabeza- ¡para ver la fruta que
sembrábamos! Y
Cantalicia se pone triste y recuerda el viaje al pueblo bajo el sol y
el polvo con Salvador y Moncho. Se encuentran sentados a la vera del
camino, sucios, Salvador ido, Moncho adormecido del cansancio,
Cantalicia alerta. Cuando en la distancia aparece una camioneta en el
camino, Cantalicia se levanta y corre a pedir que los acerquen al
pueblo. Salvador la
sigue sumiso con Moncho. Cantalicia
vuelve realidad -¡La mera verdad es que era medio atarantado
mi marido! Había que estar arreándolo porque sino
se queda quieto, quieto, ¡quieto con una mula! -dice cantando
y alargando las palabras- Pero yo... ¡si lo quería
don Felipe! así como él era yo lo
quería. Felipe
asiente con la cabeza -¡Sí, realmente tuvo un
cambio sorprendente! Se convirtió en otra persona
después de su supuesta muerte. -¿Y
ahora qué es ese milagro que me ande preguntando por
él? -Se sorprende Cantalicia- ¡antes se
ponía todo enojado si yo lo mencionaba! -Porque
también me desconcierta terriblemente -le confiesa Felipe-
¡yo nunca creí en cuentos de
espíritus!, siempre estuve convencido que después
de la muerte no existía absolutamente nada. Cantalicia
lo mira asustada. -¡Pero
resulta atractivo imaginar que no todo acaba ahí! -sigue
Felipe soñador- ¡Que viajamos a un sitio
desconocido! -la mira misteriosamente -¡de algo estoy seguro!
¿Sabe Cantalicia? ¡Su esposo, efectivamente
falleció, pero su cuerpo fue ocupado por la
energía de otro ser! -Y luego le dice tenebrosamente-
¡un ser muy distinto al de su esposo! Cantalicia
asustada se santigua -¡Ave María! * Estación
de policía. -¡Sorprendente,
muy sorprendente! -Exclama al inspector- ¡el cargo que
desempeña actualmente en la empresa de Donoso es bastante
importante! -dice con un dejo de burla. Salvador
lo impertérrito. -¿Cómo
escaló tan rápido laboralmente, si antes
trabajaba como conductor? -¡Lo
logré gracias al respaldo de las personas que confiaron en
mí! -¡No!
La señora Ángela Donoso -aclara Salvador-
¡Doña Isabel Arroyo no tuvo nada que ver con mi
nombramiento!, al contrario ¡se opuso desde el principio
porque no confiaba en mí! -Entonces,
la relación entre usted y doña Isabel... -deja
caer las palabras lentamente- mejoraron notablemente -termina el
inspector. Salvador
responde seco-¡Mejoraron dentro de los términos
del respeto mutuo que siempre hemos mantenido! El
policía se levanta y lo presiona -¡La
señorita Inírida Fernández, asegura
que usted y doña Isabel son amantes y que los
descubrió en una situación bastante
comprometedora en su departamento! -¡Pues
yo a esa señorita no la conozco! -exclama Salvador-
¡la vi por primera y única vez en el entierro del
señor Andrés Corona! Ahí delante de
todo el mundo insultó a doña Isabel y
pregonó sus amoríos con el difunto. -¡Yo
no!... pero no sé, tal vez él me consideraba como
tal -Salvador simula estar incómodo-
¡él nunca estuvo de acuerdo con mi
vinculación empresa! Salvador
suspira -¡Yo lo que creo es que el señor
Andrés Corona estaba enfermo mentalmente! -¡Pues,
porque se comportaba de una manera muy extraña! -le cuenta
Salvador- ¡su comportamiento era errático y una
noche se introdujo en una de las bodegas de la fábrica y
comenzó a disparar! -Sigue Salvador tranquilo y como si les
dijera un secreto- ¡y a gritar desaforadamente! La
policía y los celadores tuvieron que sacarlo de
ahí. -¡Bastante!
-Salvador abre los ojos- Días antes golpeó
salvajemente a su esposa y... -disimula dudar-
¡también atentó contra mi vida! Salvador
simula estar muy preocupado y toma un vaso de agua -¡Yo me
dirigía en automóvil hacia mi casa y unos sujetos
me dispararon! No puse la denuncia porque nunca supe el motivo de la
agresión. -¡Entonces
supone que el responsable de ese atentado fue el señor
Corona! -¡Claro,
supongo porque él estaba celoso de mí! Alguien le
dijo que... -y aquí simula estar dudar estar esta
información -¡la señora Isabel y yo
éramos amantes y ese alguien tuvo que ser Inírida
Fernández! -¿Por
qué lo asegura categóricamente? -se intriga el
policía. -¡Pues
esa señorita era la única interesada en que
Andrés Corona se divorciara de su esposa! -deduce
lógicamente Salvador- ¡sólo que no
midió las consecuencias de su mentira! -Dice Salvador
simulando mucha pena. El
policía le cree y asiente. -¡Yo...
considero que a Inirida sólo le motiva el deseo de
perjudicar a doña Isabel! -Suspira Salvador- ¡y
les aseguro que todo lo que afirma, todo lo que afirma no tiene el
más mínimo fundamento! -Dice seguro de
sí mismo. Los
policías se miran entre ellos. * Mansión. Isabel,
con un bello vestido se pasea nerviosa en su habitación de
un lugar a otro. Isabel
vuelve la realidad y luego con paso decidido sale al pasillo y se
acerca a la puerta del estudio... se apoya sobre la puerta y prueba a
abrirla pero sigue bajo llave. -¿También
le inquieta el misterio del piano señora Isabel? -Aparece
Walter como un fantasma -¡yo en su lugar, no
dudaría un solo instante en abrir la puerta del estudio y
sacaría todo lo que se encuentra adentro para acabar con
este dichoso enigma! Isabel
lo mira con desprecio. -¡No,
a veces se me olvida que mi humilde opinión no sirve en esta
casa y que soy solamente un estorbo para usted! -dice Walter al
comprender su mirada y se dispone a marcharse ofendido. -¡Walter!
-lo detiene Isabel. Walter
se detiene y da media vuelta para enfrentarla cara a cara. Isabel
lo mira fría y dura -¿No cree que
sería conveniente acabar con esta desagradable
situación entre usted y yo de una buena vez? -Le
pregunté Isabel sin cambiar de expresión de
disgusto. -¡No
me diga que me va a botar otra vez de esta casa! -se escandaliza Walter. -¡No!
-Dice Isabel- ¡sabe muy bien que no lo voy a hacer! Walter
se reafirma a sí mismo con sonrisa y se pone más
erguido. -¡Pero
si no nos queda de otra, más que permanecer juntos, entonces
yo creo que tendríamos que llegar a un acuerdo! -sigue
Isabel- ¿No cree? ¡De otra manera nuestras vidas
se van a convertir en un verdadero infierno! Walter
sonríe -¡No sabe lo complacido que me siento al
oír sus palabras señora Isabel! -Se acerca feliz-
¡hace tiempo que ansiaba oír algo parecido de la
parte de usted porque en el fondo yo presentía que usted
tarde o temprano entraría en razón! Pero
Isabel no sonríe -¿Qué es lo que
necesita para estar más tranquilito Walter? -¡Un
justo y merecido aumento de sueldo! -Le zampeca Walter con todas las
letras. Isabel
recibe el golpe en plena cara como una bofetada y se queda sin aire. -¡Y
por supuesto recuperar la importancia que tenía es en esta
casa! -sigue Walter con sus exigencias- ¡estoy harto que
hasta la servidumbre me observe a mí como un trasto
inútil, como algo que flota por ahí! Isabel
pone las manos en las caderas -¿Pretende entonces que
Ángela y yo lo volvamos a tratar como a un empleado fiel de
esta casa? -se burla Isabel. -¡Claro
que si! -se emociona sinceramente Walter- ¡lo que yo
más ansío señora Isabel, lo que yo
más deseo, porque yo siempre he sido un servidor! -Y Walter
casi se le arrodilla- ¡quiero volver a ser el servidor fiel y
más importante de esta familia! -Le dice de manera
amenazadora. Isabel
lo mira sin contestar. * Habitación
de Valeria. -¡Vamos
por buen camino! -El doctor concluye -¡la noto
muchísimo mejor! ¿Se siente más
tranquila Valeria? Valeria
sonríe -¡Sí doctor, muchas gracias! -Continuaremos
con el mismo tratamiento, pero más importante es controlar
los nervios, debe mantenerse lo más calmada posible. Valeria
le promete que así va a ser y el doctor se despide. Antes de
salir se despide Abigail -¡Estamos progresando
satisfactoriamente, de todas formas no la descuide! -¡No
se preocupe doctor, yo estaré al pendiente de ella! -¡Abigail!
Me gustaría hablar con señora Isabel. -¡Sí,
debe estar en la sala doctor! -Le dice Abigail y le abre la puerta. Luego
Abigail vuelve y le dice a Valeria -¡Ya escuchó al
doctor, usted debe hacer un esfuerzo por ayudarse! -¡Te
lo agradezco Abigail!, pero yo quisiera saber si tú no
tienes algún resentimiento conmigo -Pregunta Valeria con voz
de niña. Abigail
se sorprende -¡Ay pero! ¿Cómo me dice
esas cosas señorita, si usted sabe como la quiero? -¡Yo
sé, pero te lo digo porque sin intención
lastimé a Simón! -¡Usted
lo ha dicho, sin intención, usted no tiene la culpa de nada
y además él ya lo comprendió! No se
preocupe -le consuela Abigail. -¡Me
preocupé y me sentía muy atormentada hasta
anoche, cuando escuché el piano! -Y Valeria se levanta
soñadora y camina recitando- ¡la música
de don Pedro me devolvió las ganas de vivir porque... sabes
Abigail... él le tocó para mí! -¿De
veras lo cree? -¡Sí,
puedes burlarte o creer lo que te estoy diciendo pero eso es lo que
siento! -¡Si
yo no me burlo señorita, todo lo contrario, si eso la hace
sentir mejor me alegro mucho! -¿Sabes
qué es maravilloso? Cuando le escucho ya no me siento sola,
y siento que sigo contando con el mismo aprecio que me ha dado Pedro
¿y para que quiero más Abigail? -¡Señorita
Valeria! -¡Es
cierto! ¿Sabes? La noche que él
murió... ¡él me prometió que
no dejaría de tocar para mí! -sonríe-
¡y ha cumplido su promesa, lo ha hecho una y otra vez! Si
Dios me concede esa alegría, yo no entiendo por
qué debo sufrir por desengaños amorosos. -¿Por
qué se enamoró de Salvador señorita?
-Interroga Abigail. -¡Bueno,
porque en él, en él vi muchas cosas de don Pedro!
Su voz, su mirada sincera y la forma tan especial en la que me trataba
-y Valeria suspira. Y
recuerda a don Pedro José Donoso enfermo en la cama. "-¡Prométame
que va a cuidarse y le juro que me sentiré muy tranquila!
-Valeria está cubierta con un velo negro." "-¡Si
tú me prometes no traer ese velo la próxima vez!
-le responde el viejo Donoso." "-¡Se
lo prometo don Pedro! -responde Valeria con una voz de niña." "Pedro
le sonríe como un padre-¡Dame la mano muchacha! -Y
Valeria le da la mano y don Pedro ser la aprieta fraternalmente
-¡espero que Dios me de fuerzas suficientes para seguir
deleitándote con mi música!" Valeria
vuelve a la realidad-¿Sabes Abigail? Siempre que estabas
cerca de Salvador sentía la presencia don Pedro pero
lamentablemente me equivoqué -y suspira-
¡solamente fue una ilusión, una ilusión
que se rompió definitivamente! -¿Estás
segura de lo que dice? -¡Por
supuesto! -Y llora- ¡no quiero saber nada de Salvador! Y
mucho menos ahora que siento tan cerca la presencia de don Pedro. Abigail
sonríe. (urrgggg... * Un
restaurante. Salvador
espera impaciente, mirando su reloj varias veces hasta que por fin
aparece su invitada. Mansión. Toda
la mansión Donoso se encuentra en la sala donde Isabel toma
la palabra. -¡Bueno,
tampoco hay que olvidar que él no es cualquier aparecido
Ángela! -Interviene Rebeca con su voz aguda-¡te
recuerdo que es el empleado más antiguo de esta casa y que
gracias a sus años de servicio y a su abnegada
dedicación se tiene muy bien ganado un puesto que no se le
puede discutir! Isabel
mira al techo con la intervención de su tía. -¡Claro
que se puede discutir! -Interviene Antonio- ¡porque la
antigüedad no le da permiso de faltarle al respeto a la gente
que vivimos aquí! -¡Yo
no le falto al respeto a nadie, sencillamente respondo a sus ataques y
a sus insultos, especialmente de Simón! -Dice Walter. -¡Si
lo ataco no es por gusto, sino porque se las busca! -Se defiende
Simón. -¡Simón
por favor! -le corta enojada Abigail. -¡Mamá,
nada ganamos quedándonos callados! Así no se
soluciona nada y menos compadeciendo a esta alimaña que lo
único que hace es fastidiarnos. -¡Ni
soy alimaña ni tolero que nadie me tenga
compasión jovencito! -Walter da un paso al frente -
¡aquí donde me ve me sobra dignidad y no estoy
dispuesto a tolerar que nadie me humille, así que exijo que
se revise mi condición en esta casa, o se me devuelven todos
mis derechos o me marcho! -¡A
mí me van a perdonar, pero no hay nadie mejor que Abigail
para la administración de esta casa!-interviene Vicky. -¡Si,
pero Abigail ya no es una empleada en esta casa, es la suegra de
Ángela, es una señora de la casa! -aclara Isabel. -¡El
puesto que yo ocupe no tiene nada que ver señora, mi
obligación es vigilar que todo marche bien! -¡Yo
lo sé Abigail! ¿Entonces usted no se
opondría a que Walter regresara a sus actividades
sólo porque no ha llevado una buena relación? -¡Yo
no tengo nada en contra de Walter señora, además
no me voy a oponer a que él ocupe su puesto siempre y cuando
respete a todas las personas porque nos lo merecemos! -¡Si
usted no fuera tan mala gente Walter, si dejara a un lado ese maldito
resentimiento que lo envenena! -Desea Antonio. -¡Eso
es cierto Walter! ¿Cómo va a hacer para que
confiemos en usted y aprobemos su permanencia en esta casa? -Pregunta
Ángela.
Todos
se quedan mirándolo. * Un
restaurante. -¡Ni
piense que estoy aquí por miedo y mucho menos! -Le aclara
Inírida altiva a Salvador- ¡acudí a su
llamado solamente para comprobar hasta dónde son capaces de
llegar usted y su amante! sólo por eso estoy aquí
señor Cerinza. Habitación
de Isabel. Isabel
entra de cara larga y Rebeca feliz -¡Te felicito mi amor, fue
la mejor decisión que pudiste haber tomado! Aunque los
demás estén disgustados, no importa
-sonríe feliz- ¡me alegra mucho que
estés escuchando mis consejos Isabel! Porque no te
convenía para nada tener a Walter como enemigo. Isabel
sonríe irónicamente -¡No
tía, fueron las circunstancias las que me orillaron a
interceder por Walter! Mi opinión hacia él no ha
cambiado en absoluto -dice molesta- ¡para mí sigue
siendo como una rata! Y tiene la desfachatez de chantajearme
tía -dice furiosa- ¡que no me amenace porque
entonces te juro que no voy a dudar ni tantito en ponerlo en su sitio
aunque signifique una amenaza para mí! -¡Isabel,
mira, es mucho más agradecido de lo que tú
piensas! Isabel
ríe burlonamente sin creerle. -¡Y
con esto que has hecho mi amor te lo has echado en el bolsillo! -sigue
hipócritamente. Ese
momento golpean a la puerta y Rebeca abre. Walter entra
-¡Espero no interrumpirlas doña Isabel! -Y
yo espero que esté complacido ¿se le ofrece otra
cosita más de Walter? -responde Isabel agria. -¡Por
ahora, sólo manifestarle que estoy sumamente complacido y
agradecido por lo que hizo por mi! -¡Ahórrese
todo sus agradecimientos, era algo que ya tenía pensado
hacer! -Le corta Isabel. -¡Y
de ahora en adelante señora Isabel, usted puede contar
conmigo incondicionalmente para lo que sea! -se ofrece Walter-
¡inclusive para enfrentar a esa mujer que se decía
su amiga, la tal Inírida Fernández! Isabel
lo mira con una sonrisa cínica. * Un
restaurante. Salvador
la sigue mirando sin decir palabra. -¡Escúcheme!
-La detiene Salvador- ¡escúcheme y
entenderá por qué se lo digo! Siéntese
por favor -le ruega. Inírida
vuelve a tomar asiento y Salvador sigue- ¡Sus acusaciones son
un arma de doble filo dónde la única perjudicada
será usted! -¡Hoy
me presenté ante la policía y negué
cualquier tipo de relación con Isabel! -¡Tengo
pruebas suficientes para demostrar que los dos se veían en
mi apartamento! -Y
con eso demostrará que somos amantes ¿pero
cómo piensa respaldar una acusación tan grave,
dónde están las pruebas que respaldan que
Andrés Corona fue asesinado? -¡Eso
es evidente! Sólo basta que lo investiguen. Isabel
Salvador levanta las cejas -¡No encontraron nada! -Y hace una
pausa y se toma un vaso de agua. Inírida
lo mira inquieta. -¡No
encontrarán nada porque Isabel no asesinó a su
esposo y tampoco lo planeamos! -sigue frío- ¡esas
son suposiciones que existen en su mente y son producto de su
frustración! -¿De
qué frustración me está hablando
idiota? -Se enoja Inírida. -¡De
la frustración de no haberse podido casar con un millonario,
con un hombre importante, de esa frustración! -Sigue
Salvador. -¡El
que se supone es usted! -¡Usted
soñaba casarse con Andrés Corona... claro, en
vista de que no pudo hacerlo con don Pedro José Donoso! -¿Qué
imbecilidades está hablando? -Se espanta Inírida. -¡Antes
de fijarse en Andrés Corona usted cortejaba a Pedro
José! -Sigue Salvador implacable. -¿Qué
calumnias quiere inventarme? Salvador
saca un sobre el bolsillo -¡A
usted sólo le interesa el dinero, carece del más
mínimo escrúpulo con tal de apoderarse de
él! -y Salvador juega en el aire con la carta- ¡de
estas tengo más, tengo todas las que le escribió
a Pedro José! Inírida
lo mira con rabia. * Noche
de media luna. * -¡Yo
no estoy de acuerdo con las concesiones que le dieron a Walter! -Se
queja Simón en el comedor- ¿para qué
darle más oportunidades si ya sabemos que no va a cambiar?
¡Genio y figura hasta la sepultura mamá! -¡Los
refranes no se pueden aplicar siempre hijo! -¡Deberían
haberlo echado de patitas en la calle para librarnos de ese tormento! Detrás
de él Vicky asiente en silencio. -¡Pero
no, tenían que devolverle su puesto para que siga haciendo
de las suyas! -¡Yo
estoy de acuerdo con Simón porque aquí todo el
mundo metió la pata! -no aguanta Vicky - ¡primero
la señora Isabel por haber defendido a zopilote ese y
después nosotros por haberlo aceptado! -¡Pero
por Dios! ¡Que falta de misericordia es ésta! -Se
escandaliza Abigail -¿quiénes somos nosotros para
cerrarle las puertas a un pobre viejo desgraciado que no tiene a
dónde ir? Simón
abre los ojos como platos, lejos de la compasión de su madre. -¡Recuerden
que dejó la mayor parte de su vida al servicio de esta casa!
-Sigue Abigail tal vez reflejándose ella misma. -¡Pues
te voy a decir quiénes somos nosotros mamá! -le
contesta Simón- ¡Somos unos tontos que durante
años hemos estado soportando groserías,
humillaciones, nos han tachado de rateros, nos han calumniado
mamá! (Bueno
Simón -¡Eso
es verdad Abigail! No se me hace justo que a ese hombre se le disculpe
todo con el cuento de que es un viejito que no tiene adónde
ir -lo imita burlona- ¡de viejos como ese que Dios nos libre! -¿Por
qué negarle la oportunidad de cambiar? -les pregunta
Abigail- ¡Él tiene razón al decir que
no puede dar más que lo que recibe! Si todos nosotros lo
rechazamos, él no puede devolvernos sonrisas. -¡Abigail
por favor aterrice, a ese hombre se le trata con guantes de seda y no
va a cambiar! -le grita Vicky- Él es un abusivo que le
encanta imponer su autoridad. -¡No
le sigas dando más cuerda a Simón, Vicky por
favor! -¡Yo
sé que calladita me veo más bonita pero tarde o
temprano se van a ver los resultados! -Se enoja Vicky se marcha. -¡Mamá,
la verdad exagerada acaba en ser tontería, nosotros no vamos
a estar felices en esta casa mientras tengamos que soportar las jetotas
de ese tipo! Además ya suficiente tengo con otro martirio en
la empresa. Abigail
lo mira con los brazos cruzados -¡Lo dices por Salvador! -¡Yo
nunca dije su nombre! -¡Pero
te refieres a él! Espero que no te lleves mal con
él por lo sucedido con la señorita Valeria, no es
sano alimentar rencores. -¡Mamá,
tú no me vas a decir lo que tengo que sentir por ese tipo!
Discúlpame, pero en esto nadie se puede meter,
ése es asunto mío y nada más. Simón
se marcha. * Escándalo
en el pasillo de servicio. -¿Entonces
qué, me va a sacar otra vez de la cocina y me va a poner a
trapear los pisos? -Ataca Vicky a Walter- ¡pues no
señor, yo no me voy a romper la espalda por hacerle caso a
usted! -¡De
la mejor manera se lo digo Vicky, hay que rotar el trabajo de las
empleadas para que no caigan en la rutina! -discursea Walter. -¡Pues
mi rutina la deja tranquilita porque yo estoy acostumbrada a cocinar y
además lo hago muy bien, y si ayudo o no a trapear el piso
es mi problema! ¡No se meta! -¿Ya
empiezas a tener problemas con este señor? -Aparece
Simón con aires de dueño de la casa. -¡Éste
no es asunto suyo jovencito, déjeme manejar a la servidumbre
a mi manera y usted ocúpense de sus cosas! -y Walter saca su
famosos reloj- ¡que por cierto ya es tarde para llegar a la
empresa! -¡En
cambio no es tarde para fastidiar a los pobres empleada! Mire Walter,
no intente alterar el curso normal de esta casa si me quiere amargarse
el día, aquí el señor no puede hacer
ningún cambio sin autorización de mi
mamá, así que no le hagan caso ninguna de sus
imbecilidades ¿estamos? Diciendo
esto Simón se marcha y Vicky y Juanita sonríen
felices y dejan solo a Walter. Rebeca
se cruza con ellas-¿Le están dando guerra Walter? Walter
suspira y guarda sus reloj- ¡Todo comienzo
difícil, pero poco a poco en el camino iremos aliviando las
cargas! -recita filósofo. -¡Abra
muy bien los ojos y demuéstrele a Isabelita que en realidad
usted está muy agradecido con ella! -¡Justamente
eso lo que pienso hacer y como primera medida voy a demostrarle mi
fidelidad revelándole la existencia del pasadizo secreto! -Y
al ver la cara de aprobación de Rebeca sigue- ¿no
cree que ya es hora de que se entere? * Estación
de policía. -¡Trate
de calmarse señorita Fernández y entienda que su
posición es muy delicada! -Le habla el inspector con mala
cara- ¡después de lanzar acusaciones tan graves,
no se puede retractar tan fácilmente! -¡Debo
hacerlo! -e Inírida se retuerce las manos- ¡tengo
que hacerlo! ¿Qué de malo hay en reconocer que me
equivoqué? -¿Estaba
equivocada o... alguien la está presionando para que retire
los cargos? -¡Nadie
me está presionando! -¡No
tema y dígalo con confianza! -el inspector trata de
ganársela- Le prometo que nadie sabrá de esta
conversación. -¡Le
juro que nadie me está obligando! ¿Por
qué no me cree? -¡Porque
la noto muy nerviosa y creo que se está retractando en
contra de su voluntad! -El policía hace una pausa-
¿es posible que doña Isabel la esté
amenazando? -¡No
he hablado con esa mujer ni con nadie, ni siquiera con mi abogado!
-dice con rabia contenida Inírida- Simplemente reconozco que
no cuento con pruebas suficientes para sostener mis acusaciones. Los
policías se miran con fastidio y llenos de desconfianza
hacia Inirida.. FIN DEL CAPITULO
(Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración
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