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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO CAP# 58: miércoles 5 de octubre 2005 – ¡LUNA DE MIEL! Gaetana canta y baila COMO UNA DIOSA!!! MUY BIEN! ¡BRAVA GAETANA!
¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Este es el baile ¡el baile del burrito!, Pa’ que lo goces bien sabrosito Pa’ que lo bailes conmigo pegadito, Poniendo una patita pa’ delante Poniendo una patita para atrás, moviendo la colita bien sabroso, agarra tu cadera que te pongo pa’gozar ¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Este es el baile ¡el baile del burrito!, Pa’ que lo goces bien sabrosito ¡Pa’ que lo bailes conmigo pegadito! ♫ Escuchar El Burrito en Telemundo -Ehhhhh –grita Gaetana, y da unos pasos (superbe!) ♫ ¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Este es el baile ¡el baile del burrito!, Pa’ que lo goces bien sabrosito Pa’ que lo bailes conmigo pegadito, Tomando a tu pareja de las manos, Bailando apretaditos sin parar, Juntando las mejillas bien sabroso, Movemos la cadera y empezamos a gozar, ¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Este es el baile ¡el baile del burrito!, Pa’ que lo goces bien sabrosito ¡Pa’ que lo bailes conmigo pegadito! ♫
¡Ahí viene Gaetana a ponerte a’gozar! Con el burrito pegadito ¡Ahí viene Gaetana a ponerte a gozar! Duro ella sabe que tiene pa’ vacilar con el burrito baila pa’matar mueve tu cuerpo pa’que goce sin parar a todo hora todo el día bailará sin darse cuenta ella te poseerá con el burrito pegadito bailará, sabrosito, bien burrito, nunca más podrá parar ¡Ahí viene Gaetana a ponerte a gozar! El burrito, el burrito... ¡a gozar con el baile el burrito! ♫
Casa de la playa. En
este lugar del mundo, otros ritmos más calientes y seductores se
escuchan. Al ritmo de los tambores, nuestra bella Adelaida mueve su
cuerpo sensualmente alrededor de una fogata.
-¿Entonces Gaetana se decidió a contratarlo? -¡Mas
que nada para la seguridad del negocio! –y baila mientras habla-
para espantar a los borrachos y a la gente que viene a traer broncas. -¿Y Salvador está de acuerdo que trabaje aquí? -¡Todavia no lo sabe! Pero él es un buen tipo. -¡Aha! Yo estoy esperando a que llegue de su viaje de negocio... ¡tengo que hablar urgentemente con él! -No sabía que estaba en un viaje de negocio. -¡Así
es! –le dice orgullosa Matilda de saber más que Camilo- de
viaje nomás... –pero de pronto pone cara de asombro-
¡hummm! Me late que le llegó trabajito Camilo. Camilo mira a la entrada y ve llegar al dueño de la casa con el vecino y otros hombres. Todos con cara de buscar pelea. -¿Qué quiere usted aquí señor? –lo para Camilo. -¡Quien
es usted! Yo soy el dueño de este lugar y quiero saber con que
autorización montaron este bar en mi patio. -¡Qué dueño ni que dueño! A todos ustedes los quiero fuera de aquí. Y Camilo empieza a echarlos y los otros responde.... ¡se arma tremendo lío! Casa de la playa. Isabel con cara deprimida está tirada sobre la cama, en su cuarto. Entra
Andrés con una copa de vino en la mano (esto ya es costumbre) y
la mira- ¿quieres dar un paseo por la playa conmigo? –le
dice tratando de ser amable. -No –responde suavemente Isabel- estoy cansada. -¡Ah!
–suspira frustrado Andrés- me imagino... ¡nadaste
tanto que debes estarlo! –y se acerca a la cama- ¡es
más! En un momento pensé que te habías ahogado y
todo – y diciendo esto se sienta en la cama con su copa de vino
en la mano. Isabel sin responderle, le ataja la mano y se cubre la pierna con la falda. -¡Hasta
cuando te vas a comportar de esa forma tan ridícula! –le
reclama Andrés y luego le dice convencido- ¡yo sé
que me amas! –Isabel baja los párpados con aire cansado-
¡aunque me rechaces! Isabel suspira y le responde- ¡Déjame en paz por favor! ¿si? -¡Esta noche no voy a moverme de aquí! –le asegura Andrés y se toma otro trago. Isabel
reacciona fastidiada- ¡Está bien! –le grita- si no
te vas tú.... ¡me voy yo! –y furiosa se levanta para
marcharse pero antes de salir se detiene altiva y soberbia… y lo
mira con desdén. Andrés se queda rumiando la rabia que se refleja en sus bellos ojos verdes.... ¡tan cerca de la locura! En la playa. Adelaida le baila y sonríe a Salvador. Le envía un claro mensaje provocativo con la mirada y cada vez se le acerca más… insinuante. Salvador la
mira alejarse sonriendo tranquilamente y se dispone a marcharse, cuando
de pronto... ¡ve a Isabel que felina y silenciosamente, y sin
quitarle los ojos de encima, se acerca del otro lado de la fogata! Su
cara se vuelve alerta... todos los músculos tensos... es un
felino alerta que acaba de ver a su pareja… y los ojos le
brillan con el resplandor de las llamas que danzan su eterno baile
mortal.
♫ regresas al final, sin importar el tiempo que pasó, y estás en otra piel, más fiel que la anterior y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir quien te embrujó, quien te adivinó ¿por qué te alejó de mí? ♫
♫ Te busqué por la ciudad, Caminé por otras calles, ♫ En la habitación de Salvador... en la cama con dinteles... una cortina blanca transparente oculta sus formas desnudas. ♫ Sin saber que una vez, Sin dudar me traicionaste, Otros brazos y otros besos, Con los que tú me engañaste ♫ Salvador con
mucha suavidad echa dulcemente a Isabel sobre la cama, quien cierra los
ojos con abandono. Luego Salvador con amor... pasa sus dedos para
delinear el rostro de Isabel... y se detiene en sus labios. Y mientras la mira, Isabel busca su mano... y con las manos entrelazadas... Y hoy regreso a tu vida, Para alguna vez vengarme Voy a tomar de nuevo mi lugar A ser de nuevo tu dueño Y a mostrarte que mi amor lo tomaste como un juego ♫ link foto ♫ Y hoy te vuelvo a enamorar Para enseñarte qué es bueno Y hoy te vuelvo a enamorar Y que me devuelvas mis besos, Y hoy te vuelvo a enamorar ♫ Salvador se tiende en la cama e Isabel le acaricia el cuerpo gatuno. ♫ Aunque creerlo me cueste, Si fuiste mía una vez, Lo serás para siempre, ¡Y hoy te vuelvo a enamorar para siempre! En la playa al
ritmo caliente y sensual de los tambores... como en los tiempos
ancestrales... ¡siguen danzando los cuerpos perfectos y sensuales
de los bailarines! Como idolatrando al fuego... como festejando...
¡una boda! Al día
siguiente... Andrés está arrodillado en la playa... y se
toma las últimas gotas de un vino muy barato.
Andrés
lanza una carcajada amarga- ¡Hay cosas que me hacen mucho
más daño! –y luego le dice con desprecio-
¡déjame en paz! -Pero es que debe descansar –Vicky es dura de roer- dormir un poco... ¡se lo digo por su bien señor! Andrés
la mira con rabia desmedida y le gruñe- ¡lárgate!
–Vicky se echa para atrás... Andrés la mira y luego
suaviza su tono- te lo digo por tu bien –le dice con una nota de
advertencia y sinceridad. Vicky no se mueve. De pronto
Andrés mira al mar y toma una decisión... se levanta y
camina... mejor dicho arrastra los pies... y se dirige al mar. Vicky pone cara de miedo. Andrés, de la borrachera, cae sobre la arena y ante la mirada espantada de Vicky hace un esfuerzo y se vuelve a levantar. Se dirige decidido al mar... llega al agua. Vicky desesperada decide no esperar más y sale corriendo a pedir ayuda. El agua le llega a Andrés a la cintura.... luego a los hombros. Salvador y Fermin trabajan. La niña juega con el perro. Vicky
llega desesperada gritando- ¡Salvador! El señor
Andrés se metió al mar... hay que ayudarlo...
¡está muy borracho y se puede ahogar! Salvador no duda un instante y se lanza a la playa. Fermin corre detrás. Pero Fermín y Salvador lo sacan del mar.
Esa noche...
en la casa de la playa... una típica casa colonial con un
corredor de columnas, con el hermoso patio cuadrado con una fuente. Isabel
escucha las notas que Fermín hace llorar a la guitarra y muy
bella y tierna disfruta de la compañía de la hija de
Fermín a la que abraza con mucho cariño y le cuenta
historias que la hacen reír a carcajadas. Isabel entra
en el cuarto de Andrés que está siendo cuidado por una
muchacha- ¡Qué bien! Que bien –se burla- al fin mi
amante esposa se digna entrar a mi cuarto... ¡casi al final de
nuestra luna de miel! Isabel mira a
otro lado con hastío y mira a la muchacha y le pide amablemente
-¿Nos podría dejar a solas por favor? – la muchacha
se retira. Andrés
suspira- ¿Estarías feliz si me hubiera ahogado?
–juega a la víctima- lo hice por complacerte...
¡puesto que no puedo hacerlo de otra forma! Isabel
sonríe irónica- ¡No digas tonterías!
–y luego se pone seria- ¡lo que hiciste fue una verdadera
estupidez Andrés! -¡Ah! –suspira Andrés- unos segundos más... ¡y habrías sido libre nuevamente! -¡Ya cállate! –Isabel fastidiada. -¡No! No
me voy a callar –y la mira con rabia- y te voy a decir todo lo
que siento ¿tu crees que todo es un juego verdad? –y se
levanta de la cama- ¡en el que tú impones las reglas!
–y se le acerca amenazador- pero puede haber cambios. -¡No sabes lo que estás diciendo! –lo enfrenta Isabel. -¡Si!
Claro que lo sé –la mira con ojos donde la locura... hace
mucho tiempo hizo nido- no voy a renunciar a ti tan fácilmente. Isabel lo mira con miedo en los ojos. -¡Si
quieres deshacerte de mí tendrás que hacerlo igual que
hicimos con el viejo! –y con los ojos verdes que fulguran
continúa- ¡tendrás que matarme! Isabel desvía la mirada y calla. Luego suspira y trata de marcharse. Andrés
la detiene del brazo con violencia- ¿Y si lo haces? –le
pregunta con rabia- ¿con quien te casarías por tercera
vez? –y le aprieta el brazo- ¿con quien? ¡con quien
me pregunto yo! Isabel se
deshace de él con un gesto brusco- ¡Ya no digas
estupideces! –le dice lentamente y subrayando cada palabra! -¡Este
viaje es una estupidez! –decide Andrés- ¡y no pienso
prolongarlo un minuto más! –se toma la cabeza-
mañana mismo nos volvemos –ordena. -¡Está bien! –acepta Isabel fría- como tu quieras. Andrés
suspira se toma la cabeza como si le doliera y se echa en la cama... y
luego dice con amargura- ¡El viaje de bodas! –y mueve la
cabeza con desazón- ¿para quién? ¡o para
qué fue este viaje! –Y Andrés sufre.
Bar de Gaetana. Todo está roto y por el suelo. Gaetana llora y Lupe trata de consolarla. -¡No se
trata de lo que se rompió Lupe! Ahora los clientes no van a
querer venir por miedo a las broncas- llora Gaetana. -¡Eso es
lo que quiere Evaristo y el dueño de la casa- Camilo-
¡crearle mala fama doña Gaetana! Pero no se preocupe que
vamos a recoger todo y a limpiar. -Y gracias a Dios que no apareció la policía, porque sino a estas horas estaríamos todos presos. Camilo sale a buscar bolsas de basura. Lupe la sigue consolando. Pero Gaetana está inconsolable. -¡A
mí sinceramente el que me preocupa es Salvador! Yo sinceramente
no quiero causarle más disgustos y.. no quiero que se moleste y
me abandone! -¡El no
va a hacer eso doña Gaetana! Él es un hombre de palabra y
pase lo que pase no creo que él la dejaría tan
fácilmente! A propósito ¿lo ha llamado? -¡No! No
me ha llamado... y eso me angustia ¿sabes? ¡Ay Lupe! Tiene
tantos días fuera de aquí... ¡yo quisiera que nada
malo le pase! –Y Gaetana abraza a Lupe- yo quisiera... –y
se preocupan las dos. En la ciudad
Walter conduce a Rebeca en el Mercedes que habla con su voz de
cacatúa- ¡Se lo dije Walter! Ahora estamos peor que
antes... ¡ya no se trata de una simple puerta! ¡no!
¡no! Ahora es la asquerosa puerta que nadie podrá abrirla. -¡Tranquilícese doña Rebeca! -¡Pero
como me voy a tranquilizar después de lo que dijo el cerrajero!
Hace falta un experto para abrirla... mire –decide-
¡tenemos que violentarla! -¡No es conveniente! –Walter le dice con paciencia- corremos el riesgo de trabarla. -¿Eso dijo? -¡Si señor! Es
una caja que tiene muchos seguros y es muy riesgoso forzarla porque se
traba... ¡y aún en el caso que consiguiéramos un
experto ese trabajito le tomaría varios días! -¡Pues
no! –nerviosa- eso no podemos hacerlo porque sería
involucrar a una tercera persona y eso nos puede traer problemas
Walter... –y de pronto se le ocurre la brillante idea- ¡si
solo pudiéramos sacarla de donde está! -¡Tendríamos que romper todo! –se escandaliza Walter- esa caja está empotrada en la pared. -Lo único que hace falta averiguar es esa dichosa clave –grita Rebeca. -¡Como diablos! –le responde Walter- ¡el único que la sabía era el viejo y está muerto! -¡Usted
es un incapaz! –de pronto se pone histérica Rebeca-
¡un estúpid.o! ¡un imbec.il Walter! –y le
recrimina- ¡Como si usted era el empleado de confianza de ese
viejo no pudo averiguarla sabiendo que él iba a estirar la pata!
–le grita. -¡Pues
si eso hubiera sido así doña Rebequita! –le
recuerda Walter- yo no estaría aquí manejando a su
lado... ¡estaría muy lejos disfrutando de esa fortuna!
–y la mira a través del espejo- ¡nunca nos
habríamos aliado usted y yo! –y luego le dice lentamente-
¿me entendió? Rebeca cae en
la cuenta y se pone toda dulce- ¡Ay si! Es muy cierto Walter...
¿sabe? Eso no yo no lo había pensado. -¡Escúcheme!
–la calma- tenemos que calmarnos... ¡tranquilizarnos! Y que
nadie se entere de la existencia de esa caja fuerte
¿entendió? -¡Si!
–asiente Rebeca- ¡claro que si! Porque si Isabelita o
cualquier otra persona se enterara... ¡entonces si lo
perderíamos todo! No tendríamos oportunidad de nada
Walter – y traga saliva nerviosa. Ante esta posibilidad también Walter traga saliva. Llegan a la casa y Walter le abre la puerta del auto para que baje. De pronto Walter ve a Valeria que habla con Simón. Valeria está preciosa y Simón la mira embobado. -¡Hum!
–se enoja Rebeca- como si no tuviera lo suficiente... –dice
rabiosa- ¡la necia de Valeria se empeña en desafiarme! Le
he dicho mil veces a esa idiot.a que no me gusta que ande con ese. -¡Se la
pasan de arriba para abajo todo el día! Apenas Simón sale
de la fábrica viene corriendo a buscarla –y luego la mira
como para asustarla y dice con voz sombría- ¡se ve que
Simón está muy interesado... en la señorita! -¡Pues
ese interés le va a durar muy poquito Walter! –decide
Rebeca- porque no voy a esperar que llegue Isabel... –y dice con
ojos malvados- Ahora mismo le voy a poner fin a esta situación
–y se marcha decidida. Walter sonríe satisfecho. Abigail plancha en la lavandería cuando irrumpe Rebeca- ¡Abigail! ¿está muy ocupada? -No señora Rebeca- dice con voz sumisa- ¿qué se le ofrece? -¡Hablarle del atrevido de su hijo Simón! Eso se me ofrece. Mientras en el jardín, ajenos a todo Simón le cuenta a Valeria sobre don Pedro José Donoso. -¡Era
muy inteligente! –y luego piensa- yo creo que le faltó
tener más hijos... a lo mejor Ángela no fue suficiente. -Bueno, tal vez por eso los quería tanto... ¿no crees? -Antonio y yo nos encariñamos mucho con el porque nuestro papá no nos supo corresponder. -¿Tuvieron problemas con él? -¡Y lo
seguimos teniendo! Ni siquiera sabemos dónde está ni que
hace... ¡se marchó hace tiempo y ni siquiera le
importó abandonarnos! -Bueno, pero mejor sigamos hablando de don Pedro. -¿Por qué te gusta hablar de él? –se intriga Simón. -Bueno, porque me parece que era un hombre muy amable y yo... ¡yo lo admiraba mucho Simón! Simón le sonríe. -¡Me
molesta terriblemente esta situación Abigail! –grita
Rebeca voz de cacatúa- y no la voy a soportar ni un minuto
más... ¡Simón no puede gastarse esas confiancitas
con mi sobrina Valeria! -¡No lo
hace señora! –le responde seca- pero si eso cree usted...
¿por qué no va a reclamarle a Valeria en vez de
reclamarme a mí? -¡Esa
Valeria es más terca que una mula y no escucha! –grita
furiosa- por eso tiene que ir a decirle al loco de su hijo Simón
para que frene sus abusos. -Discúlpeme señora Rebeca... ¡pero no sé a qué abusos se refiere! -¡Por
favor! Claro que lo sabe Abigail... ¡y le advierto que si
Ángela terminó enredada con Antonio yo no voy a permitir
que Valeria se enrede con Simón! Abigail suspira cansada y Antonio entra atraído por los gritos- ¿Qué pasa mamá? -Nada de importancia, retírate por favor –y se pone a planchar de vuelta. -¡Escuché que esta señora estaba mencionando a Simón y a mí! -¡Esta señora tiene su nombre! –le grita Rebeca- y sí ¡estaba hablando de ustedes! -¡Seguramente nada bueno! -A doña
Rebeca no le parece que Valeria trate a Simón. Ella no
está de acuerdo que entre ellos exista una amistad. -¡Ah!
¿no le parece? –se burla Antonio- ¿y por qué
no corre a separarlos? –y le muestra la puerta- ¡Vaya
señora! ¡vaya! Y agarre a su sobrina de las greñas
hasta su cuarto para que no hable con nadie- y con rabia la toma del
brazo y la empuja a la puerta. -¡Suélteme!-grita Rebeca. Pero Antonio
la pone patitas para afuera y se queda con su mamá que no puede
aguantar la risa- ¡Hijo la sacaste! –se muere de risa. -¡Y lo
haré todas las veces que venga a molestarte mamá! Nadie
tiene derecho a reclamarte sin sentido –y luego la mira serio-
espero que esta vez no hagas caso a todas las estupideces que dice esa
señora. Abigail lo abraza riendo- ¡No! Esta vez no lo voy a hacer. Llega la noche y está reunidos en el escritorio de don Pedro José escuchando tocar a Valeria.
Abajo Rebeca
está furiosa-Que promiscuidad tan horrenda –se
escandaliza- ¡No la soporto! No la soporto Walter... ¡es
increíble! Dos niñas respetables que se juntan con esa
plebe. -¿Y por qué no hace algo? –la incita Walter. -¿Y que
puedo hacer Walter? Si hago algo todos se me vienen encima...
¡Walter! –de pronto se pone nerviosa- ¡nada nos ha
salido bien! –y suspira- si yo supiera que Isabel y
Andrés... ¡y Salvador! No regresan... ¡te juro que
me largaría porque no aguanto esta situación Walter! -¡Sobre todo sin él! ¿verdad? –Walter la mira resignado- ¡sin Salvador! Pero Rebeca no lo ve- ¡tenemos que llegar a esa caja fuerte lo antes posible! –de pronto decide. -¿Tan ansiosa está de entregarle su... –y hace una pausa sugestiva- su parte a ese hombre? -¡Y que
le importa a usted mi parte! –le grita Rebeca sin
contemplaciones- ¡preocúpese por la suya hombre! Walter la mira frio. Valeria termina su concierto.
-Muy bien Valeria- Antonio. -¡Fabuloso! –Simón. -Tocaste muy bonito- Ángela. -¡Si! –Abigail- yo no sabía que podía usted tocar tan bien señorita. -Gracias
–agradece- me tomé el atrevimiento porque ustedes me
animaron, pero jamás me atrevería a tocar el piano de don
Pedro. -¿Por qué no? –Simón- ¡él estaría feliz! Estoy seguro. -¡Si! –la alienta Ángela- Además aquí podrías tomar clases. -A lo mejor nos estamos perdiendo de una gran concertista- Antonio. -¡No se burlen! –ríe Valeria. -¡No! Te estamos animando- Ángela- recuerda que yo ya te dije que te apoyaba y mi propuesta sigue en pie. -¡Hágale caso señorita! –Abigail- no se pierda la oportunidad. Pero Walter
está que no puede en sí de la felicidad- ¡Tendremos
que esperar un momento! Primero debemos atender a Isabelita y a don
Andrés –todos pierden la sonrisa- ¡Acaban de llegar
de su luna de miel y están afuera! Todos se miran circunspectos. Abajo, Isabel y Andrés bajan de un taxi. -¡Mi amor! ¿ocurrió algo? ¿por qué no avisaron? -¡No!
–le corta Isabel- ¡no ocurrió nada! Y las preguntas
las dejas para después porque vengo muy cansada... ¿si? Andrés la mira con cara de ogro. -¡Está bien mi amor! –acepta Rebeca- Andresito... ¿cómo estás? -Hola Rebeca –le contesta de mala gana- bien... bien... ¡lleve las maletas a la habitación de Isabel! Rebeca lo mira sorprendida de su mala educación. Andrés con todo los aires de dueño y señor, toma
bruscamente del brazo a Isabel para conducirla a la casa… pero
Azur se lo impide porque al verlo le ladra desesperado y lo amenaza con
los dientes. Se quedan quietos como estatuas. Isabel mira al perro con respeto y se aleja de Andrés. Y
Andrés tiene un ataque de locura y mientras se le descompone la
cara de la rabia, grita desaforado- ¡Qué alguien agarre a
ese maldito perro! ¡o lo mato!–y de pronto completamente
fuera de sí saca de atrás una pistola y lo apunta para
matarlo.
Antonio llega junto a su mamá que está temblando frente a Andrés que los sigue amenazando con el arma.
Antonio abraza a su mamá que mira a Andrés con ojos espantados. Isabel mira a Andrés sin poder creer lo que ve y mira preocupada a Abigail y a Antonio. Vicky y las empleadas miran con miedo. Andrés respira entrecortadamente, baja la pistola y la acaricia lentamente. Bar. -¡No se
me acobarde con el incidente de anoche doña Gaetana!
–Camilo- si usted no abre hoy les va a dar gusto a esos
miserables. Gaetana
está muy deprimida sentada en una mesa- ¡Yo estoy segura
de que va a haber otro ataque y no me quiero arriesgar hombre! Si hay
otro ataque el negocio se viene al piso. -¿Dónde
dejó su valentía jefecita? –Lupe- yo no
sabía que les tenía miedo a ese par de brujos. -¡Para esos nos tiene aquí! Para protegerla –Camilo- anoche nos agarraron desprevenidos pero hoy no. -¡No
sé que decirles! Ustedes tienen muy buena intención...
¡pero fíjense! Matilda... ni los músicos han
aparecido todavía... ¡eso quiere decir que se acobardaron
y no van a aparecer nunca mas! -¡No!
–la consuela Lupe- es que todavía es muy temprano...!ya va
a ver que aparecen! Jefecita no se me deje vencer por ese par de
condenados... ¡Camilo vamos a arreglar este lugar! –y van a
otro cuarto. Gaetana se queda sola y triste... de pronto la puerta se abre. -¡Salvador! –grita Gaetana feliz al verlo entrar y se le abalanza y lo abraza- ¡Ay! Que bueno verlo. -¡Ay! –se queja Salvador como si le doliera la espalda.
Mansión. Ángela, Rebeca, Valeria, Isabel y Andrés sentados a la mesa. Tratan
de cenar pero Andrés sigue gritando histérico-
¡Acabamos de llegar y ya tenemos problema! –y gesticula
haciendo aspavientos- ¡no habíamos quedado que ese maldito
perro iba a quedar encadenado! –y golpea la mesa furioso. Abigail con
aire cansado se acerca y le sirve vino- Solo se lo amarra cuando
tenemos invitados don Andrés –y le sirve vino sin ganas-
de lo contrario permanece suelto para que cuide la casa. Hasta Rebeca pone cara de cansancio de escuchar la misma cantaleta. Solamente Isabel sigue comiendo con calma. -¡Nos atacó como si fuéramos desconocidos! –sigue Andrés. Pero
Ángela ya está cansada- ¡Simplemente te
atacó a ti! –le corta seca- porque a Isabel no creo
– y luego le sonríe irónica- ¡Tú nunca
le has caído bien Andrés! –y trata de seguir
comiendo. -¡Bien! –grita Andrés- en ese caso debemos hacer algo ¿no? Porque no voy a soportar que... -¡Bueno ya por favor! –de pronto Isabel pierde toda compostura y le grita furiosa. Andrés se queda sorprendido. -¡Estás
dando demasiada importancia a ese animal! –sigue Isabel tratando
de calmarse y toma agua- ¿podríamos cenar en paz
algún día de nuestra vida? Se hace un silencio. -¡Debieron
pasarlo maravilloso en el viaje! –dice Rebeca tratando de cambiar
la conversación- ¡que envidia! Estoy loca por conocer la
casa de la playa. ¡Debe ser preciosa! Valeria la mira con fastidio. -¡Si ya la conocerás! –dice Andrés con aire de dueño- pensamos visitarla con frecuencia. -Eso
será si Ángela lo permite –le corrige Isabel-
porque no te olvides la casa también le pertenece a ella. -¡Si! Si
–contesta con fastidio Andrés- al menos por ahora...
¡hasta que se resuelva el proceso de sucesión! -¡Se
resolverá muy pronto! –le corta Ángela que ya no
puede más- ahora que están aquí nos ocuparemos de
eso... Isabel –le pregunta- ¿cómo están las
cosas en la casa de la playa? -En
términos generales bien... los empleados se han encargado de
mantenerla al día... ¡eso sí! Nada mas que no deja
de haber problemas con el agua potable y con la electricidad – y
de pronto sin hacer ninguna pausa- ¿y aquí familia?
–dice con ironía en la voz y mira a Valeria y a Rebeca-
¿alguna buena noticia? -No, todo
igual... ¡o casi igual! –sonríe Rebeca y luego mira
cómplice a Andrés- Andresito... ¿piensas quedarte
esta noche verdad? -Tengo que
organizar algunas cosas en mi departamento –se toma un trago-
pero la próxima semana vengo a instalarme. Ahora que nos casamos
no voy a dejar a mi esposa sola. Isabel mira para otro lado molesta. -¡Pues
yo quería discutir contigo eso Andrés! –le dice con
rabia Ángela- Yo no he dado mi aprobación para que vivas
en esta casa. -¿Y que piensas hacer? –se burla Andrés- ¿impedirlo? -¡No se te olvide que esta también es mi casa! -¡Por
favor Ángela! –interrumpe Rebeca- ¡no seas absurda!
Se acaban de casar ¿cómo van a vivir separados? -¡Esa no
es mi intención señora! Por mí pueden vivir juntos
donde quieran ¡pero no voy a aceptar que venga a vivir a esta
casa! –y se levanta enojada- ¡lo considero un insulto a la
memoria de mi padres! –y se marcha. Todos se quedan de una pieza. Isabel sigue comiendo tranquila. Bar Gaetana. Salvador tiene una cena más tranquila. -La noto preocupada Gaetana –mientras come. -¡Le parece poco todo lo que le conté! -¿Tan grave fue la cosa? -¡Hubiera
visto Salvador! –Lupe- esto en un momentito se convirtió
en un verdadero campo de batalla... ¡volaban sillas!
¡volaban mesas! De puro milagro no salió nada herido. -¿Por eso no quiere abrir esta noche? Para evitar otro incidente. -Salvador,
usted me prestó mucho dinero para abrir este negocio...
¡yo no quiero que tenga otro problema más por mi culpa! -Pero no le
vamos a dar gusto a esos aprovechados... Lupe... ¡usted vaya y
abra el bar! Y si se presenta algún problema me avisa y yo lo
resuelvo personalmente. Lupe grita de felicidad y lo besa y lo abraza. -¡Salvador
hombre! –Gaetana le acaricia el brazo- gracias por lo que
está haciendo... sobre todo por qué ya está
aquí – y lo mira con cariño. -¿Pensó que no me volvería a ver? Cierto –le pregunta Salvador mirándole a los ojos. A Gaetana se le congela la sonrisa- ¡Si! –admite- le confieso que si. -¿Le dio miedo? -¿Qué pasó en ese viaje? –le interroga Gaetana. Salvador se
queda pensativo y mira lejos... y luego de una larga pausa contesta-
Fue una experiencia... ¡muy interesante! –y la mira con
ojos negros muy negros y comenta con sorna- ¡comencé a
ocupar el puesto de Andrés Corona! -¡No! No entiendo. -¡Le
estoy pagando con la misma moneda que él utilizó contra
don Pedro José Donoso! –dice con rabia contenida- cuando
se casó con Isabel –y respira fuerte- ¡le estoy
robando a su mujer! –y sigue cínico- ¡como él
me la robó!
Es noche
cerrada e Isabel duerme en su cama.... sueña con los bailarines
sensuales... los tambores... su noche de amor con Salvador... la
pasión... y luego el sueño se convierte en
pesadilla… aparece Andrés que tortura sádicamente a Salvador... lo hace sufrir, ¡le abre la espalda a latigazos!) Valeria entra atraída por sus gritos- ¡Isabel! ¿qué te pasa? –le pregunta asustada. Isabel sigue
temblando y repite sin sentido- ¡Lo va a matar! Lo va a matar
–y llora- va a terminar matándolo... ¡yo
losé! –se desespera. Valeria trata de consolarla- ¡No! Tienes una pesadilla... ¡eso es todo! -¡Lo que tengo es un maldito miedo que no me deja en paz! –dice con rabia Isabel- ¡Ay Valeria! –le confiesa
con el dolor en el alma- es que le estoy haciendo daño a una
persona... ¡muchísimo daño! Y no se lo merece. -¿Pero de quien hablas? ¿De que estás hablando? -¡De que estoy haciendo mal las cosas! –le dice Isabel y Valeria no comprende. Isabel
le ruega- ¡y necesito que me ayudes! Por favor ayúdame
Valeria –le suplica, Valeria la abraza muy fuerte. Al día siguiente Isabel observa melancólica el jardín desde la ventana de su cuarto. Azur toma sol muy tranquilo. Valeria entra. -¡Creí
que estabas durmiendo! –se le acerca- ¿te desvelaste mucho
anoche? –y trata de acariciarla. Pero Isabel ya
no es la misma persona indefensa de la noche y está de nuevo
encerrada en sí misma se aleja -¡Si! –le contesta
inquieta y distante. -¡Isabel! Regresaste muy nerviosa de ese viaje... ¡me imagino que la compañía de Andrés fue un pleno desastre! ¿No? Isabel mira a
lo lejos y contesta reflexionando con amargura- ¡Y lo que
viene!... Viene lo peor –le anuncia- ¡ya escuchaste a
Ángela que no va a dejar que Andrés se quede en esta casa! -Bueno,
probablemente lo haga porque quiere evitar más enfrentamientos!
–Valeria reflexiona- Isabel… yo creo que tú
vivirías más tranquila con ese hombre en otro lugar. Isabel le
sonríe triste- ¡Ni en el mismísimo paraíso
Andrés y yo podríamos ser felices! –y luego agrega-
Además no le voy a dar el gusto a Ángela. -¡Isabel!
–de pronto recuerda Valeria- ¿por qué dijiste que
tenias miedo? ¡Porque le estabas haciendo daño a alguien!
¿A quien te referías? -¡No te
puedo decir! –le susurra Isabel como si le contara un secreto-
pero es la verdad Valeria... ¡y yo no voy a permitir que nadie
más en esta casa se exponga al peligro! –con
determinación y rabia en la mirada- ¡nadie más!
Aunque me duela en el alma... ¡voy a tener que alejarme de esa
persona para siempre! Hoy mismo si es posible. Esa persona, Salvador llega a la casa- ¡Buenos días! –saluda y las empleadas le contestan amables. Walter lo ignora. Isabel desayuna, o mejor dicho trata de desayunar con Rebeca que se queja con su impertinente voz de cacatúa. -¡Ángela no es más que una muchachita malcriada! Y me asombró mucho que no la pusieras en su lugar.. a ver ¿qué derechos tiene ella para impedir que Andresito viva en esta casa! Isabel deja de
comer y la pone en su lugar- ¡tiene todos los derechos en esta
casa! –y luego se calma- y lo tenemos que reconocer te guste o no. -¡Pero tú también los tienes y no vas a dejar que no te pisotee! Isabel mira para otro lado fastidiada. -¿Tu sabes lo que quiere esa mosquita muerta? –Despotrica Rebeca- ¡claro! Quedarse a vivir sola en esta casa a sus anchas con Antonio y su manada de sirvientes... ¡eso! -¡Ya deja de hablar mal de la gente! –le dice molesta Isabel y trata de seguir desayunando. -¡Es que
Ángela se las trae Isabelita! –le dice víbora-
mira, puede ser muy peligrosa Isabelita... ¡ya se apoderó
de la voluntad de Valeria y ya le enseñó sus malas
costumbres! Isabel reacciona y la mira alerta y preocupada- ¿De que malas costumbres te refieres tía? –le reclama. Pero antes que
Rebeca responda Walter las interrumpe- Disculpe, pero el chofer Cerinza
acaba de llegar... ¿tiene una orden para él? -¡Yo sí! –salta Rebeca- dígale que me espere para que me lleve al gimnasio. -¡No le diga eso Walter! –corta Isabel. -¿Por qué no mi amor? –gime Rebeca. -Porque necesito hablar con él y tengo que decirle algo de suma importancia. Rebeca la mira con disgusto, le frustraron la diversión. Walter parte a buscar a Salvador. Salvador se cambia. -Me da gusto verlo Salvador –Antonio lo saluda. -Gracias. -¿Disfrutó mucho del viaje? -No me puedo quejar –y se arregla el uniforme. -¿Qué le pareció la casa de la playa? -¡Muy
agradable! Aunque pudiera estar mejor si alguien se ocupara de
mantenerla... ¡sobre todo la parte de los empleados está
muy abandonada! -Habla como si la conociera de antes. -Los encargados me contaron Antonio. -El señor Donoso era el único que se encargaba de esa casa. Y ahora con nuevo jefe todo se va a ir para abajo. -¡Eso no sucederá si la señorita Ángela interviene! -¿Ángela le ha contado algo? ¿le ha dicho algo de sus planes? -¡Usted debería estar enterado de sus planes y no yo que soy un simple empleado! -Es que
ella... a veces confía más en usted que en mi...
¡vi que salían frecuentemente y me imagino que ahora que
usted regresó seguirán haciéndolo. Salvador se
detiene en lo que está haciendo y lo mira
escrutiñadoramente - ¡es mi obligación como chofer
de esta casa! –le aclara- Eso no significa que esté
enterado de todos sus pasos. -¿Le molesta lo que le digo? -para nada, pero me da a entender que está celoso –Salvador le dice sin pelos en la lengua. -¿Podría sentir celos de usted Salvador?
-¿Qué se le ofrece? –le pregunta serio Salvador. -Bueno –duda y lo mira con como tratando de decirle mil cosas con la mirada. Salvador no comprende a lo que quiere llegar y achica los ojos. Isabel mira al
techo y suspira para toma tomar fuerzas y luego sigue firme- Una
obsesión y una locura con la que ya no puedo continuar. Salvador la mira con ojos muy tristes, muy tristes. Y... bueno... yo creo... que lo mejor es que usted se marche –termina Isabel. Salvador es tomado desprevenido y desolado baja los brazos. FIN DEL CAPITULO (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
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