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El Cuerpo del DeseoVersión Modificada por: MABOUCHITA
* CAP# 102: viernes 9 de diciembre de 2005 – ¡LOCURA! Walter
mete a Andrés a su habitación -¡pase señor,
entre, descanse! -Y se empieza a preocupar- ¡se lo suplico! Pero
Andrés se queda en la puerta sin entrar -¡Don
Andrés! -Walter le toma del brazo pero enseguida ante la
reacción de Andrés se disculpa -¡disculpe, camine,
yo lo llevo! Andrés camina como autómata y se deja llevar. Walter lo sienta en la cama y cierra la puerta. Walter
se arrodilla a su lado - ¡Cuénteme! ¿Qué le
han hecho, donde pasó la noche? -se desespera Walter-
¿por qué lo trajeron los degenerados de Antonio y
Simón? - y Walter le vuelve a tocar. Andrés se asusta y salta de miedo. -¡Cuénteme! ¿Que pasó don Andrés? ¡Cuénteme! Pero Andrés solamente mira a la distancia con miedo y temblando. -¿Qué le han hecho? -se inquieta Walter. Andrés cierra muy fuerte los ojos. * En el comedor principal desayunan Simón, Abigail, Antonio y Ángela. -¡Nos tienen impresionadas con todo lo que nos cuentan! -Abigail mientras come. -¡No
estamos exagerando mamá, la policía y los vigilantes lo
encontraron anoche en un rincón de la bodega y dicen que estaba
riendo y llorando al mismo tiempo! -¿Y los tiros que escucharon, quien los provocó? -pregunta Ángela. -¡Él
fue el que disparó varias veces en ese lugar, porque el arma se
la encontraron, para mí que se chifló después de
haber golpeado a la señora Isabel y se fue a desquitar su locura
en ese lugar! -dice Simón mientras come con los codos puestos
sobre la besa. Vicky se asusta -¡Ahora sí que se le aflojaron los tornillos! -¡Regresó
muy extraño, la verdad que me quedé helada cuando lo vi!
-Dice Abigail asustada pero sigue comiendo muy tranquila. -¿Pero qué estaba haciendo en la bodega, estaba acompañado de alguien? -se pregunta Ángela. -¡Según
las autoridades estaba completamente solo, a mí lo que se me
hace muy extraño, es el estado en el que se encuentra ahora!
-dice Antonio. -¿Pero
si estaba tan chiflado, para qué lo trajeron acá y no lo
llevaron al hospital? -interroga Vicky con razón. -¡Yo me opuse, pero el terco de mi hermano insistió! - Simón. -¡Pues muy mal hecho Simón, no deberías haberlo dicho! -le llama la atención Abigail. -¿Para
qué nos vamos a complicar más la vida después de
todo lo que nos ha hecho? -Le responde Simón- ¡Que
agradezca que lo trajimos a la casa! -¡Las cosas se puede complicar si él permanece aquí, lo mejor es internarlo! -Ángela. -¡Si
cuñadita, pero la verdad es que yo ya no sé si tenemos
que meternos en más líos! -Dice Simón- ¡yo
creo que la única que tiene que resolver este asunto es la
señora Isabel, ella y nadie más se tiene que hacer! Y todos se quedan pensativos y preocupados. * Hospital. Isabel,
con la cara llena de hematomas de los golpes se despierta en el
hospital y sonríe ilusionada al ver a Salvador a su lado
-¡Salvador! -¡Si, quédese tranquila, todo va a estar bien! - le dice Salvador. Isabel lo mira con amor y luego dice con pena -¿Ya vio lo que me hizo Andrés? Salvador asiente con la cabeza sin decirle nada. -¡Tenía
mucho miedo de que lo matara porque me juró que!... -e Isabel
empieza a llorar- ¡me juró que lo haría! -¡Pero
no lo hizo! -Le dice Salvador serio y sin sonreír- ¡y
tampoco creo que esté en condiciones de hacerlo! Isabel
mira hacia el techo desesperada -¡Dios mío! ¿Y
qué pasó? -y de pronto te tiene un dolor -¡Ay! Por
favor no me oculte nada. -¡Quédese tranquila y trate de no hablar, usted tiene que descansar doña Isabel! Isabel, en medio de las lágrimas, levanta su mano en un gesto suplicante-¿Me da su mano? -le ruega. Salvador le toma la mano. -¡Tenía
tanto miedo por usted! - le susurra Isabel- ¡no imagina
cuánto! - y le acaricia la mano y le sonríe. Salvador le sonríe por fin y luego retira su mano. El doctor entra detrás-¡Me alegra mucho verla despierta señora Isabel! -¡Los
exámenes que le hicimos salieron satisfactoriamente, en un par
de días le estaremos dando de alta! Tenga un poquito de
paciencia, eso es todo. Valeria
se acerca - ¡Ya escuchaste al doctor, y si lo obedeces muy pronto
vas a poder estar en la casa con nosotros! -Y Valeria le acaricia el
pelo. -¡La que debe marcharse es usted señorita Valeria, no ha dormido nada y necesita descansar! -Dice el doctor. -¡Mi tía Rebeca se acaba de ir y no me gustaría dejarla sola, quisiera estar más tiempo con ella! -¡No se preocupe, que está en buenas manos! La enfermera no la va a descuidar ni un solo instante, se lo aseguro. Valeria le toma la mano a Isabel y sigue sufriendo. -¡Ándale, hazle caso al doctor, vete la casa, yo voy a estar bien! -le tranquiliza Isabel. -¡Si lo desea yo la puedo llevar señorita! -se ofrece Salvador y sale del cuarto. Valeria
sonríe y luego se despide de Isabel con un beso. Isabel le
sonríe y la deja partir. Isabel se lleva la mano a la boca y la
retira con dolor. * En el auto estacionado. Valeria empieza a llorar y Salvador la consuela -¿Estás bien? -¡Es
que Andrés es capaz de cualquier cosa! Si se atrevió a
hacerle eso ayer a Isabel... ¡no sé qué le puede
hacerle después, está enfermo, está mal de la
cabeza! Salvador
le acaricia el pelo -¡Está mal, muy mal! Yo no quise
decirte nada delante de don Isabel, pero me informaron que lo
encontraron anoche en la fábrica... ¡en un estado
deplorable! -¿Qué fue lo que pasó? -Valeria se seca las lágrimas. Salvador le acaricia la mejilla. Mansión. Walter sale asustado del cuarto de Andrés… Walter
la mira con los ojos muy abiertos -¡Si usted quiere averiguarlo,
le recomiendo que entre a la habitación y lo vea con sus propios
ojos! Yo... no sabría que decirle realmente - y Walter se queda
tieso y mirando asustado. Rebeca
mirándolo muy extrañada entra lentamente a la
habitación de Andrés que tiene puesta otra ropa. -¡Andrés!
-Se acerca y se sienta a su lado en la cama- ¡Andresito!
¿Por qué no me respondes, qué te sucede? Pero Rebeca vuelve a tratar de tocarlo -¡Andresito! -¡No me toques! -le grita Andrés a todo pulmón. Rebeca se asusta y se levanta de la cama corriendo. -¡Fuera! ¡No quiero que nadie me toque! -Le grita Andrés- ¡fuera! Y Rebeca sale corriendo. Con Walter. Andrés se queda solo y con sus bellos ojos verdes llenos de terror se acurruca en la cama... en posición fetal. * Llega la noche. En la sala se reúnen el doctor, Ángela, Antonio, Abigail, Simón, Rebeca y Walter. -¡Y
desde que regresó ha permanecido muy quieto y no quiere hablar
con nadie, y cuando lo hace es para repetir lo mismo, y lo mismo... y
lo mismo! -cuenta Walter. El doctor suspira -¡Debe tratarse de algún desorden mental! (Si,
es nuestro único doctor, el mismo que estaba hace un rato en el
hospital con Isabel... ya saben... el ginecólogo,
cardiólogo, etc. etc… -¡Pero
no crea que está mal de la cabeza! Hace algún tiempo le
pasó a Antonio algo parecido y resultó ser pasajero -lo
defiende Walter. Antonio
se queda pensativo -¡Sí, posiblemente Andrés Corona
esté pasando por la misma dolencia! -Se dice a sí mismo
en voz alta y todos lo miran asombrado- ¡pero esperemos que se
recupere al igual que yo! Rebeca
sonríe -¡Pero todo caso necesita ayuda! ¿No? Yo
sé que obró como un patán, pero no es justo darle
la espalda en este momento... ¿No creen? -dice con su voz
rehueca. -¿Qué
le pasa señora? -Se enoja Ángela- ¡la forma en que
atacó a su sobrina, no tiene ninguna disculpa! -¡Bueno,
reaccionó así violentamente porque tiene los nervios
desajustados! -Sigue Rebeca defendiéndolo- ¡no es
dueño de sus actos! -¡Me
parece increíble que justifique las cochinadas de ese degenerado
después de que por poco mata a la señora Isabel! - le
reclama Simón- ¡usted más que su tía aparece
la mamá de Andrés! -¡No entiendo lo que está sucediendo, pero no estoy tranquila! -gime Rebeca. -¡Por
favor entienda, nosotros nos preocupamos por su salud, por eso llamamos
al doctor para que nos diga qué hacer en esta situación!
-Dice Antonio. -¡Posiblemente, tendrán que recluirlo en un sanatorio! -Dice Abigail. -¡No, no lo van a recluir en ninguna parte, me opongo terminantemente! -Se opone Walter. -¿Y quién es usted para oponerse Walter? -le pregunta Antonio. -¡El
único que realmente aprecia a don Andrés en esta casa! -
Walter se pone firme y erguido- ¡porque a pesar de todo yo
sé que es un buen hombre! Simón ríe a carcajadas- ¡No digas estupideces! ¡Es un loco, eso es lo que es! -¡Si
está desquiciado, es porque ustedes se confabularon para
enloquecerlo! -Le acusa Walter- ¡para sacarlo de sus casillas! -y
luego se dirige al doctor- ¡doctor, todo lo que está
pasando en esta casa es culpa de ellos, de ellos! -¡Ya
no discutan más! -le corta el doctor- ¡voy a examinar a
don Andrés, a ver cómo podemos ayudarlo! Y Walter, el doctor y Rebeca suben al piso superior. * Habitación de Andrés. El doctor entra a la habitación de Andrés y lo encuentra acostado en la cama mirando al techo fijamente. -¡Déjeme a solas con él por favor! -da instrucciones el doctor. Y se acerca a Andrés. El doctor se sienta a su lado -¡Señor corona! ¿Me escucha? Pero Andrés parece simplemente murmurar una letanía y no responde. -¡Señor corona, dígame algo! Necesito saber qué le pasa para poder ayudarlo. Pero Andrés sigue murmurando algo inentendible. -¡Voy
a examinarlo, confíe en mí! - y el doctor toma su
lamparita para mirarle a los ojos- ¡no se preocupe! Pero Andrés le toma la mano violentamente y lo mira con locura. El doctor se asusta- ¡Señor corona, soy médico y me preocupa su bienestar! Pero
Andrés empieza a temblar y lo acusa- ¡No, tú
también eres amigo del viejo, tú también debes
saber que regresó! El doctor se levanta asustado y se aleja- ¡Qué cosas extrañas dices! Andrés se pone llorar. Las lágrimas corren por sus mejillas. -¡Señor Corona como permítame examinarlo! -¡Lárgate! -empieza a gritar Andrés desaforado. -¡No pienso molestarlo! -Y el doctor asustado toma su maletín y sale del cuarto. * Mansión. En un día soleado caminan por el jardín Ángela y Antonio, Simón y Abigail. Vicky llega sonriendo. -¿Has habido algo de don Andrés? -le pregunta Simón. -¡Ni
más ni menos que lo que saben ustedes! Porque la verdad yo no me
he querido acercar a ese cuarto porque me da miedo. -¡El
único que entra ahí es el sangrón de Walter, lo
que pasa es que cada vez que le pregunto algo se queda callado y no
responde! -dice Abigail. -¡Lleva prácticamente una semana encerrado! Y francamente ya me está preocupando -dice Antonio. -¿Y
a quien no le va a preocupar tener un loco suelto en la casa? -Se
espanta Vicky- ¡un día de estos se le va a botar la canica
y va a salir a repartir golpes o a matar a alguien que es peor! -¡Ángela,
tú deberías hablar con Rebeca y con Walter!
Deberías convencerlos de que lo lleven a un sanatorio. -¡Es
que yo no me siento con derechos para disponer de él!, como dice
Simón... ¡Isabel es la única que puede hacerlo! Hay
que esperar a que ella lo haga. -¿Cómo sigue ella? Si no fuera porque tengo cierta prevención iría a visitarla -dice Simón. Pero en ese momento llega Isabel a saberlo en la camioneta acompañada de Rebeca y Valeria. Isabel baja de la camioneta. -¡Hola Isabel! -Le sonríe Ángela. Isabel les sonríe Ángela suspira- ¡Está en su habitación, no ha salido de ahí en días! Isabel
asiente con la cabeza y se dirige decidida a la casa pero Rebeca y
Valeria la atajan -¡No Isabel, ahora no! Tienes que descansar mi
amor - le dice Rebeca. -¡Necesito
verlo, y lo voy a ver! -Dice Isabel con determinación-
¡así que no vale la pena que traten de detenerme! Y ante la mirada preocupada de todos se dirige al piso superior. * Casa de Gaetana. Gaetana se encuentra adornando el bar cuando entra Salvador y se sirve un café. -¡Ni siquiera el domingo para de trabajar! ¿También hoy piensa abrir el bar Gaetana? -¡No Salvador, lo que pasa es que hoy tengo una celebración muy especial, y no me pude negar! -¡Se ha pasado toda la mañana haciendo oficio, debería dejar ese trabajo a las empleadas! Gaetana se ríe -¡Si yo no me ocupo, nada sale como yo quiero! Por cierto hombre déme una manito aquí. Y Salvador la ayuda a colgar más adornos. -¡Matilde me tiene cada día más alborotada con el cuento de su boda, cómo me tiene loca! -¿Cuándo se casa Matilda? -¡El
jueves! Debería haberse casado un sábado o un domingo
como cualquier persona normal, pero ella dijo que tenía que ser
una fecha especial, una noche importante... ¡jueves! -y de pronto
Gaetana lo mira- ¡por cierto Salvador! ¿Qué es de
la vida de Andrés Corona? -¡Ahí está en la casa, medio trastornado! -¿Le pasó lo mismo que le pasó a Antonio cuando descubrió quien era usted? ¿Verdad? -¡No,
esto es mucho peor, no creo que regrese a la empresa! ¡Ese nunca
más volverá a ser el hombre que era antes! -Y Salvador se
toma su café. Gaetana abre los ojos impresionada. * Andrés
está sentado sobre la cama mirando a la distancia y Walter
está haciendo la habitación cuando entra Isabel con
miedo... primero asoma la cabeza. -¡Señora Isabel, no sabía que había regresado! - se acerca Walter a recibirla. -¡Déjeme a solas con él! -Le susurra Isabel en una orden. Walter sale del cuarto e Isabel se acerca con miedo a Andrés. Andrés
ni siquiera la ve y sigue mirando para otro lado. Isabel
desconfía de él -¡Andrés! -respira con
miedo- ¡alza la cara y mírame! Pero Andrés no reacciona. -¡Sólo quiero saber si lo que dicen es cierto! - le dice Isabel manteniendo la distancia. Luego
lentamente se acerca- ¡Tú serías capaz de cualquier
cosa por evadir tus responsabilidades! -y con mucho miedo da un paso y
luego otro para acercarse -¡serías incluso capaz de...
fingir una locura! -E Isabel llega por fin a su lado y lentamente le
toma la cara y la obliga a mirarla. La
mirada de Andrés está vacía y completamente ida...
en sus bellos ojos verdes la locura navega libre y dueña de sus
mente... Isabel se asusta y se lleva las dos manos a la boca. * Inírida estaciona su auto en el estacionamiento de la casa y se queda mirando antes de entrar. * Habitación de Isabel. Isabel mira por la ventana mientras escucha con fastidio a su tía Rebeca. -¡Tienes
que hacer algo Isabelita, todos te estábamos esperando para que
pudieras definir la situación de Andrés hija! -Y le dice
con su voz aguda- ¡me aterra la indiferencia con que tratas este
asunto tan delicado! Isabel
dice con pena y amargura en la voz- ¿Qué quieres que haga
tía? ¿Que lo saque de esta casa, poniéndolo en una
camisa de fuerza y llevándolo a un hospital psiquiátrico? Rebeca la mira- ¡confiesa que lo odias por lo que te hizo! ¿No es cierto? Isabel mira con rabia a la distancia. -¡Ay
mi amor, no hay que alimentar rencores, tienes que entender que tu
esposo está perturbado por lo que ha pasado! No sé...
¡de un momento a otro, todos, incluso tú, se pusieron de
acuerdo para enloquecerlo! Isabel
la mira con rabia- ¡Tú ya deja de justificarlo porque no
sabes absolutamente nada! - le dice con lágrimas en los ojos. -¡Cuándo
te atacó, no sabía lo que hacía Isabel, no puedes
culparlo! Ahora no puedes dejarlo solo... ¡cuando más te
necesita! -Le dice Rebeca con su voz insoportable- ¡recuerda
Isabel, por encima de todo es tu esposo! Isabel mira su tía y luego repite con amargura- ¡Mi esposo! - y se apoya en la pared desesperada. De pronto Isabel ve a Inírida que entra a la casa y se pone furiosa -¡Ah! Ahí está esa mujer. -¿A qué te refieres, a cual mujer? Isabel si responderle sale del cuarto corriendo. * En la sala de Inírida discute con Abigail. -¡Debe
esperar señorita, allí en la sala, don Andrés no
está en situación de recibir visitas y no puedo dejarle
que suba a menos que la señora Isabel la autorice!- le dice
Abigail. -¡Mire,
yo no necesito pedirle permiso a nadie! -Le responde Inírida
altiva- ¡soy una gran amiga de Andrés y puedo verlo las
veces que se me antoje, así que no trate de impedírmelo
por favor señora! -¡Abigail!
-Isabel baja las escaleras en negligé rosa- ¡no se
preocupe, que yo atiendo a la señorita! Gracias. Abigail se retira. Isabel
se apoya en la escalera y le sonríe a Inírida -¿Se
puede saber qué estás haciendo aquí en mi casa? -¿Tú
que crees? ¡Vine a ver a Andrés por supuesto! Tengo varios
días tratando de comunicarme con él pero siempre me lo
niegan con el cuento de que está enfermo y de que no puede
atender el teléfono ¡estoy muy preocupada Isabel! Isabel
ríe con ironía- ¡No me digas! ¿No
será que más bien tienes remordimientos por la
porquería que hiciste? -¡Isabel! ¿Qué te pasa, porque me hablas así? ¡No son maneras de recibir a tu mejor amiga! -¡No eres mi amiga! - le dice Isabel con rabia y sin levantar la voz. -¡Isabel! -¡Una
amiga no hace las bajezas que tú hiciste! -le dice con furia
Isabel- ¡Sé que me traicionaste! -e Isabel se le acerca-
¡me traicionaste y fuiste a buscar a Andrés para contarle
todo lo que viste! Inírida mira para otro lado -¡Isabel, por favor! -¿Por
favor qué? ¡Nada más dime qué es lo que
pretendías! ¡Contéstame! ¿Pretendías
que me matara? - e Isabel ríe irónica- ¡Estuvo a
punto, a punto de hacerlo, nada más que tu plan falló
fíjate! En vez de perjudicarme a mí... ¡le
perjudicaste a él! -¡yo no lo hice con mala intención, entiende que no podía ser desleal con Andrés! -¡A
mí no me hables de lealtad! -Le corta Isabel- ¡yo
sé que eres una maldita hipócrita y sé
perfectamente las armas que utilizas para lograr tus propósitos! -¡Mira, yo no voy a permitir tus insultos! -¡Tú
no me vas a decir que lo que tengo que decirte! Sé perfectamente
que me odias - e Isabel sigue riendo con desprecio- ¡me odiaste
desde el primer día que llegué a la empresa! ¿No
es cierto? Inírida mira con rabia hacia otro lado. -¡Me
odiaste con todo tu alma cuando me asignaron el puesto que tú
tanto ambicionabas! ¿Cómo olvidarlo? ¡Me odiaste
más cuando te quité al hombre con el que tú
siempre quisiste estar! -¡Cállate Isabel! -¡Solamente
que no tuviste el valor para enfrentarme y decirme en la cara de
cuánto odiabas! En su lugar armaste todo un teatrito, una falsa
amistad para luego atacarme por la espalda. -¡Qué
te calles Isabel! Yo solamente vine a ver a Andrés, no a
escuchar los insultos de una mujerzuela como tú. Isabel le da tremenda bofetada- ¡Cómo te atreves! Inírida se toma la cara con dolor- ¡Te vas a arrepentir de esto! -y trata de salir de la casa. Isabel la detiene del brazo- ¿Me estás amenazando? -¡Suéltame!
Te voy a decir una cosa... ¡puedes hacer absolutamente todo lo
que se te dé la gana, ándale, te reto a eso! -e Isabel le
muestra el camino al piso superior- ¡te invito a que pases a ver
a Andrés, sube, ándale... y te dejo el camino libre! -le
grita- ¡Si adelante, ve para que admires tu gran hazaña
Inírida! Nada más que te advierto una cosa... ¡de
esta casa no sales como una vil ratera! ¡Llévate a
Andrés que a mi no me interesa absolutamente para nada! -¿Qué
va a importarte? ¡A ti sólo te mueve tu maldita
ambición! Eres una egoísta manipuladora, pero no siempre
te saldrás con la tuya Isabel... ¡algún día
te veré destruida! -¡No! - le responde Isabel altiva- ¡no te voy a dar ese gusto querida! -¿Si? ¡Ya veremos cuánto te dura la dicha con tu nuevo amante! Isabel se le acerca y le dice en la cara- ¡Lárgate de mi casa! Inírida se marcha corriendo. -¡Estúpida! - murmura Isabel cuando se queda sola. Desde el piso superior Rebeca la mira. * Inírida sale corriendo de la casa y sube a su auto todavía con la mejilla adolorida. Abigail la ve partir. * Rebeca
persigue a Isabel y entra su cuarto detrás de ella
-¡Escuché tu conversación con esa mujer y no puedo
creer que sea verdad lo que te dijo Isabel! ¿Tienes un amante?
-Le grita histérica- ¡respóndeme! Isabel se toma la cabeza entre las manos desesperada y sienta en la cama- ¡No me molestes! -¡Isabel, no puedes ocultar algo tan delicado, tienes que decirme la verdad! Isabel
empieza a llorar -¡Por favor tía, deja de estar
entrometiéndote en mi vida privada! Yo no voy a permitir que ni
tú ni nadie me cuestione sobre mis cosas ¡nadie! -Le grita
Isabel. En ese momento se escuchan los gritos de Andrés y tanto Rebeca como Isabel se quedan heladas. * Habitación de Andrés. Andrés
grita y se ríe y se arrastra por el suelo... de pronto se pone a
llorar... y luego se vuelve a reír... y... escucha la voz del
viejo Donoso- ¡Ay Andrés, no eres más que un
desgraciado codicioso! - y Andrés vuelve a llorar y a
reír. Luego con los ojos rojos se arrulla a sí mismo con una canción de cuna. * Bar de Gaetana. Es el casamiento de Matilda y todos festejan. -¡Mil felicidades bruja, realmente te deseo la mayor de las felicidades! -Y Gaetana y Matilda se abrazan. -¡Muchas
gracias, mi querida amiga, mi hermana! -Y luego grita- ¡Muchas
gracias amigos! Camilito, que alegría tenerte en mi matrimonio
aunque un poquito maltrecho. Y todos festejan. -¡Que no falte el trago y mucho menos alegría! * Matilda entra a la casa de Gaetana buscando algo. Gaetana la sigue -¡Qué buscas bruja! -¡A Salvador! Me extraña que no haya salido a recibirme. -¡Ay Matilda! Salvador no está, salió temprano. -¡Qué lástima, no puedo creer que se me haya escapado! -¡Es que tenía unos compromisos de trabajo que atender, pero me dijo que te felicitara de su parte! -¡Me
hubiera gustado compartir con él! Últimamente lo he visto
un poco deprimido y le vendría muy bien una buena
diversión ¡ese guapo debería enamorarse de verdad y
seguir mi ejemplo, enamorarse de verdad y gozar del amor de su vida!
-Dice Matilda. * En el jardín Valeria está sentada bajo un árbol cuando llega Salvador y la mira con cariño.
Salvador le toma la mano -Cada
día que pasa me acostumbro más a tu
compañía -y luego suspira -¡me dolería mucho
perderte y tengo miedo! -¡No digas eso! -Y Salvador le toma la mano y se la aprieta muy fuerte- ¡yo siempre estaré a tu lado Valeria! ¡No digas eso! -Bueno, ¿y si yo te pido que la dejes? -Le pregunta Salvador mirando a lo lejos- ¿lo harías? Galería se niega- ¡No podría! Salvador le mira los ojos- ¡Si yo te pidiera que te alejes de Isabel por tu bien, Andrés es muy peligroso! Valeria sonríe feliz- ¿Por mi bien? ¡No entiendo! y de cualquier manera yo tendría que decirle a Isabel. -¿Y por qué decírselo a Isabel? -le propone Salvador- ¿no podemos mantenerlo entre nosotros? -¡Bueno, porque me gusta ser muy clara! no me gustaría pensar que estoy haciendo las cosas mal y dejarla sola, seria cobarde!. -¡Escúchame Valeria! Escúchame, a veces es bueno mantener las razones escondidas, y alejarse de los demás. Valeria lo mira extrañada- ¡Discúlpame Salvador, pero no entiendo! ¿Por qué irme sin decirselo? ¡Sí Isabel me quiere tanto, no tiene porque oponerse! -¡No es esconderse!
-Salvador busca una excusa- ¡es que a veces las personas que
más nos quieren no nos comprenden! Y lo que sucede es que
termina por echar a perder la felicidad. Valeria -¡Por Dios, yo no sería capaz de hacer semejante locura! -¿Pero por qué no? ¡Trata de defender tu propia vida! Valeria... ¡yo estoy dispuesto a ayudarte en todo! No tengo mucho que ofrecerte, pero yo quiero luchar por tu felicidad - y le toma el rostro entre las manos- Pero Valeria se levanta -¡No me gustaría ocultarle algo tan importante a Isabel! Eso me hace sentir muy mal. -¡Es que te estás ahogando en un vaso de agua! Valeria se enoja y se marcha. Salvador se queda mirándola. * Valeria
llega llorando a la casa y Simón la ve pasar -¡Qué
extraño! ¿Qué le estará pasando? -Y va
corriendo detrás de ella. Valeria entra la casa por el pasillo -¡Valeria! -Simón la ataja. Valeria lo mira y disimula su tristeza con una sonrisa. * Isabel
golpea desesperada a la puerta de la habitación de Andrés
-¡Walter! ¿Qué está pasando, porque no me
contesta? Walter sale desencajado- ¡Don Andrés está muy alterado! -¡Déjeme pasar! -¡No le recomiendo que lo haga, permítame que le dé un calmante! -Y Walter entra. Isabel se queda esperando en el pasillo. Antonio
se acerca -¡Doña Isabel, discúlpeme, no quiero
pasar por entrometido! ¿No cree que debería internar a su
esposo en una clínica? -¡Mira
Antonio, yo entiendo su preocupación y sé que esta
situación nos está afectando a todos! -¡Señora,
nada ganará dejándolo encerrado en ese cuarto! Mientras
más pasa el tiempo puede ser peor. -¡Antonio, acompáñeme por favor, necesito hablar con usted en privado! ¡Venga! Ambos entran a la habitación de Isabel. -¡Antonio,
es verdaderamente muy extraño pero hay muchísima
similitud en lo que le pasó a usted y lo que le está
sucediendo a Andrés! -¡En verdad prefiero no recordar eso! -¡Es
necesario, usted llegó muy trastornado de un momento a otro,
repitiendo exactamente lo mismo que está repitiendo
Andrés! Antonio desvía la mirada -¡Posiblemente, pero yo no recuerdo nada de lo que dije! -¡No
lo recuerda porque usted estaba muy alterado, pero repetía una y
otra vez, una y otra vez el nombre de Pedro! ¡De la misma manera
como lo está haciendo Andrés! ¿Por qué
Antonio? -le ruega- ¡dígame por qué! Antonio mira el retrato de Pedro José que está sobre la mesita. -¡Le
suplico que me diga la verdad! ¿Existe alguna, alguna
relación entre lo que pasa a mi marido y lo que le
sucedió a usted? -¡Posiblemente!
-y Antonio se pone nervioso- ¡se lo diría si supiera a
ciencia cierta qué fue lo que me pasó, pero no lo
recuerdo! Lo único que sé es que afortunadamente
salí de esa crisis, eso es todo. -¿Pero
entonces, entonces por qué usted me pide que lo lleve a un
sanatorio? ¡Si con el tiempo él también se puede
recuperar de la misma manera como lo hizo usted! -¡Mi
situación es similar a la que está pasando Andrés,
pero no es lo mismo, yo estaba libre de remordimientos, en cambio
él no! ¡Él se siente culpable! Isabel no entiende -¿Cómo, por qué? -¡Lo
siento señora, pero no puedo decirle nada más! Si le
recomendé que internara a Andrés en un hospital es porque
estoy muy preocupado por la situación, y no solamente por
nuestra seguridad ¡sino por la suya también
señora!... ¡ese señor si vuelve a atacarla es capaz
de matarla Ferrer! Isabel
lo mira incrédula-¡No me diga que está preocupado
por lo que me pase a mí! -Y cierra los ojos y se toma la cabeza
entre las manos. -¡Claro, yo no tengo nada contra de usted, al contrario... aunque no lo crea poco a poco le he tomado mucho aprecio! Isabel lo mira sorprendida. -¿Y por qué habría de desearle algo malo?-sigue Antonio. A
Isabel le tiembla la voz- ¡No le aseguro que vaya a cumplir sus
consejos, pero de cualquier manera le agradezco mucho sus palabras
Antonio! Es bueno saber que al menos usted no me odia tanto como yo
pensaba. -¡Ni mi familia ni yo somos sus enemigos, se lo seguro!... ¡El peor enemigo es la conciencia! Isabel lo mira extrañada -¡Explíquese! Antonio
suspira- ¡Si Andrés Corona pudiera explicárselo,
tal vez lo entendería perfectamente! -y con esto Antonio da por
terminada la conversación- ¡con permiso! -¡Propio! -le dice Isabel... FIN DEL CAPITULO
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